
¡Me ha hecho ilusión, oyes!
¡Gracias a todos!
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LAS PERSONAS Y LOS LIBROS EN EL CINE.jpg)








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La defensa del escenario plantea al mismo tiempo la paradoja: ¿Qué sentido tiene la “Anunciación” de Fra Angelico sin María ni el arcángel?.jpg)

El pasado martes un hombre de 81 años, cuyo oficio –en sus propias palabras- era “el Cine”, hizo su particular e intransferible fundido a negro. Se llamaba Pedro Masó y dejó como legado algo más que un centenar de películas y series de televisión: Supo trasladar -al papel de sus guiones y a las imágenes de sus películas- el espíritu de la época que le tocó vivir. Y lo hizo con un acierto incuestionable: el 90% de sus films fueron grandes éxitos. Por no hablar de sus series de televisión: “Brigada Central” y “Anillos de Oro”, que en su tiempo tuvieron una repercusión que ríete tú del fenómeno de “Héroes” (con sumo gusto, además). “Brigada…” fundamentó un género que hoy permanece inmutable (salvo el mareante y “moderno” cámara al hombro), y “Anillos…” es un retrato social de la Transición envuelto en una fina ironía: abogados matrimonialistas que acaban enamorándose y reformulando una familia. Qué visión la de Masó; y qué diálogos los de la “profa” Ana Diosdado.
Ya es hora que este país empiece a reivindicar, entre otros, a sus cómicos: Paco Martínez Soria, Pepe Isbert, Joan Capri, Gila, Mary Santpere… y a los cineastas que los catapultaron a la fama con vehículos (meritoriamente escritos) para su lucimiento. Toda esta buena gente del cine se merece algo más que una estatua, un teatro o una calle con su nombre. Deberían tener su propio “Día Nacional”.
Durante 24 horas los expedientes de divorcio quedarían congelados en espera de una reconciliación. Las grandes familias numerosas tendrían acceso gratuito a transportes, cines, teatros, conciertos y parques temáticos. Se celebraría un torneo benéfico de fútbol femenino llamado “Memorial Ibéricas”, precedido por un desfile de vehículos antiguos de la marca Citroën conducidos por monjas... Y, por último, todos los canales emitirían películas de Paco Martínez Soria escritas, producidas o dirigidas por este cineasta de raza que una vez dijo que “algunos no deberíamos cumplir años; hacemos mucha falta aquí, para entretener.” Se quedó corto. Él y otros de su tiempo (Berlanga, Azcona, Borau…) hicieron mucho más que entretener: enseñaron a un país a mirarse en el espejo, a superar los días malos, a poner su esperanza en los buenos y a creer unos en los otros. Ellos hicieron bien su trabajo. Si acaso somos los demás los que hemos fracasado.
Como los carburantes se han puesto por las nubes la gente se lo piensa dos veces antes de coger el coche, lo que reduce la contaminación y el caos circulatorio en las grandes ciudades. Algunos cargos públicos siguen necesitando dos coches oficiales y cuatro motoristas para desplazarse, pero eso no cuenta..jpg)

cine y alzheimer 
"…están obligados a marchar al unísono del motor, siempre sentados, la vista fija en la tela, el oído atento para que el público no arme bronca, no improvisando porque el público quiere música conocida, no tocando música conocida porque el público la corea..."


Pistoleros perforando a balazos los rollos de la pianola del Saloon componiendo nuevas melodías, cefaleas e histerismos a causa de los insufribles ensayos del niño del vecino, aparatosas caídas al tomar asiento frente al teclado o derrapando sobre él al pasarse con las escalas, persecuciones por culpa de, detrás de, seguido de y por dentro de un piano, utilizándolo como canoa o como obstáculo para escapar, cayendo a plomo sobre un desdichado personaje, con frecuencia el Coyote…



Hacerse ver y hacerse oír; he ahí su función básica y por ello las personas con una finalidad concreta tienden a organizarse en grupos a los que denominan plataformas: contra la guerra o por la defensa del transporte, reivindicando una obra pública u oponiéndose a ella, apoyando a un político o cargando contra él, exigiendo la abolición de las corridas de toros o suplicando una excarcelación “injusta”… Como los humanos que las integran, las plataformas son de lo más heterogéneo. El buscador Google registra cincuenta millones de entradas; o sea que las hay para todos los gustos y necesidades. Desde la sesuda “por una sociedad laica” hasta la simpática “de cortometrajistas indignados”.

Precisamente porque la expectativa era alta quise protegerme contra la decepción y me auto-convencí de que no debía esperar demasiado. Tardé poco en rendirme a la evidencia: el film de Rob Cohen te da más por el mismo precio.
Como era de esperar los efectos digitales son impresionantes, pero esta vez están a servicio de la nostalgia y el homenaje. Las generaciones más jóvenes no tienen ese referente (salvo una distorsionada y fragmentada evocación televisiva). Sin embargo, gracias a esta película, los que en su día fuimos adictos a las sesiones dobles en los cines de barrio podemos disfrutar de lo lindo recuperando la magia de Shangry-La, las aventuras de Sinbad y las criaturas de Ray Harryhausen. Esta vez recreadas por ordenador en vez de a mano, y renderizadas en vez de capturadas fotograma a fotograma, pero con el mismo espíritu creativo. Además, los títulos de crédito son una maravilla que -para no ser menos- también son un modélico homenaje a uno de los grandes: Saúl Bass.


Ahora que atravesamos una crisis económica, qué mejor alarde que gastar menos que los demás, pero obteniendo mayores beneficios. Esto sí que es más castizo que la tortilla de patatas: provocar envidia.


Yo me siento inclinado a destacar el guión de los hermanos Jonathan y Christopher Nolan.
De entre los muchos aciertos de este pulcro guión destacaría el diseño preciso de los personajes. Se habla mucho de la prodigiosa recreación de Heath Ledger (nada que objetar), pero conviene señalar que para cuando el Joker se manifiesta ya ha sido magistralmente presentado a la audiencia con recursos dramáticos y detalles determinantes de caracterización ajenos a la interpretación del actor (que se presume será oscarizada).
Argumentalmente Rachel es el objeto de deseo de Wayne y Dent. Sobre esta contienda latente se fundamentan las motivaciones emocionales de ellos y gran parte de la estructura narrativa del tercer acto..jpg)
Otros que sacan vergonzoso partido son muchos restaurantes, que han eliminado de sus cartas el envase de litro de agua mineral sustituyéndolo por el insuficiente de 330 cc. y en algunos “generosos” casos por el del justito 500 cc. Eso sí: manteniendo el precio de la botella grande. ¡A pagar para apagar la sed!.jpg)
—¿Qué tiene de malo la ciencia? Mira: yo, entre el aire acondicionado y el Papa, prefiero el aire acondicionado. (Desmontando a Harry)