30/9/2008

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¡Me ha hecho ilusión, oyes!

¡Gracias a todos!

29/9/2008

Libros para (no) leer


No hay nada equiparable al placer de leer un libro… quizá releerlo, o regalarlo a un amigo. Los lectores que lo son aman adquirir un libro y engullirlo lo antes posible. Abrir la portada con la misma ilusión que los niños cuando destapan un petit suisse, inspirar el olor de la letra impresa que promete amor, intriga, acción, aventura, conocimiento, ayuda, sonrisa… y sumergirse en la lectura dejándose mecer por las palabras, como el cartero de Pablo Neruda.

Sin embargo, y sin desmerecer en absoluto todo esto, yo abogo hoy por un placer tan estimulante como el otro aunque peor visto: el de comprar libros para no leerlos, o mejor dicho: no para “necesariamente” leerlos.

Puede que muchos piensen que es una estupidez, una sandez propia de necios. ¿Perderse los beneficios emocionales, intelectuales y culturales que los libros propician? Pues sí. Yo apoyo a quienes no compran libros sólo para leerlos, sino porque el hecho mismo de adquirirlos ya les reporta un gozo incomparable. Descubrirlos en el estante de una librería de viejo, bajo un montón de ejemplares apilados en el suelo de los Encants, o en el fondo de una caja en el Mercat de Sant Antoni. Encontrar el tomo que falta en la colección para que ocupe el hueco que siempre le perteneció. Toparse de bruces con una edición distinta de nuestra novela favorita. Hallar el título preciso que reconforta sólo con su Índice un alicaído estado de ánimo. Tropezar con una joya a precio de saldo… y conservarlos como objetos preciados, al igual que los aficionados a la numismática, que compran sellos no para usarlos sino para admirarlos y presumir de ellos.

Hay libros que nos cautivan por su portada, su título (sugerente, gracioso, provocador), su textura o color, su impecable o desvencijada encuadernación… Estos libros producen deleite sólo con olerlos, tocarlos, imaginarnos su contenido y obtenerlos…


Algunos de ellos seguro que aguardan agazapados en la Fira del Llibre d’Ocasió que acoge Barcelona estos días; así que los que puedan dense un paseo, disfruten buscándolos y compren unos cuantos… ¡aunque no los lean jamás!


LAS PERSONAS Y LOS LIBROS EN EL CINE
Introducción
El libro como elemento dramático /1
El libro como elemento dramático /2
El libro como elemento dramático /3
Librerrías y Librerrías más

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28/9/2008

"Ojos azules" ya no está con nosotros




...pero Doc Hudson, Ben Quick, Billy el niño, Brick Pollitt, Ben Canaan, Chance Wayne, Hud Banon, Andrew Craig, John Rusell, Frank Capua, el juez Roy Bean, Joseph Rearden, Murphy, Michael Colin Gallagher, Harry Keatch, Sidney J. Mussburger, Sully Sullivan, Dodge Blake... y sobre todo, Henry Manning, John Rooney, Doug Roberts, el profesor Michael Armstrong, Lew Harper, Butch Cassidy, Henry Gondorff, Frank Galvin y Eddie Felson se hicieron un hueco en nuestros corazones y videotecas, por lo que siempre permanecerán a nuestro lado.


Paul Newman In Memoriam
(1925-2008)

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27/9/2008

La deshumanización del escenario


Al hilo de la exposición “Espacios ocultos”, que José Manuel Ballester presenta en la galería “Distrito Cu4tro” de Madrid, recordamos algunos ejemplos cinematográficos que van en la misma línea de la "inversión subversiva" del artista: desposeer a los paisajes de toda referencia al hombre, o lo que es lo mismo: la deshumanización del escenario.

Apuntamos que particularmente inhóspita resulta la reinterpretación que hace Ballester del tríptico “El jardín de las delicias”, de El Bosco, un escenario yermo y completamente descontextualizado que nos remite a imágenes cinematográficas igualmente inquietantes y desoladoras: las de ciudades antaño sobre pobladas y ahora desiertas por la propia locura humana, con “Soy leyenda” y su precursora “El último hombre vivo” a la cabeza.


En este caso, como en el de “28 días después”, la soledad del superviviente nunca es absoluta. “Los otros” no se ven, pero su presencia latente y agazapada, siempre se plantea como amenaza letal y nunca como esperanza de resurrección del género humano.


Ahí radica la fascinación de los pueblos fantasma (de verdad o en apariencia) que han sido una constante en el género de terror, aunque también dieron su jugo en los films de Oeste, con sus inolvidables arbustos rodantes. Los humanos habían sido aniquilados o simplemente ya no estaban allí, pero el enemigo aguardaba el momento de atacar, ya fuera en tierra ("Silent Hill", "Phantoms"), mar ("Ghost Ship", "Deep Rising") o espacio exterior ("Aliens, el regreso"). La extinción parece garantizada.


Todo lo contrario de films apocalípticos como"12 monos" "Mad Max III. Más alla de la cúpula del trueno" o incluso "Regreso al Planeta de los Simios", donde existe un atisbo de esperanza en la supervivencia humana anclada en las cenizas de su pasado.


Otros films que jugaron con la idea de “la desaparición de la humanidad”, a menudo de forma brusca e inesperada, fueron “Abre los ojos”, su versión norteamericana “Vanilla Sky” y “Pactar con el diablo”. En todas ellas el protagonista sale a la calle y topa de bruces con la pesadilla de una ciudad que sigue en marcha (los semáforos funcionan), pero donde no es posible encontrar un semejante, salvo en las vallas publicitarias.


Tampoco encuentra a nadie Mike Ferris (Earl Holliman) a su llegada a un pueblo inquietantemente deshabitado en aquel mítico primer episodio de "La dimensión desconocida". "¿Dónde está todo el mundo" era el oportuno título de una serie que, como "Perdidos" marcó un antes y un después en la historia de la televisión. Al igual que "Lost" la serie creada por Rod Serling arrancó con el piloto más caro jamás rodado hasta entonces, apostando por un formato original, en estilizado blanco y negro y con música de Bernard Herrmann.


La despoblación a gran escala (irreversible o temporal) no es el único camino fílmico hacia el desasosiego del caminante. Existe una variante inspirada (como tantas otras cosas) por "Twilight Zone": la del paisaje urbano de cartón piedra, con casas habitadas por maniquís y neveras con alimentos de pega. Tres muestras recientes las hallamos en películas de diversos géneros: la aventura (“Indiana Jones y el reino de las calaveras de cristal”), el slash (“El retorno de los malditos”) y el fantástico (“El incidente”).


Curiosamente todos estos films manejan la idea del "fin del mundo", o de forma más específica el de la raza humana. Las dos primeras vinculándolo a la guerra nuclear, y la última a un trasunto de venganza de la propia naturaleza contra la humanidad. En definitiva: la usurpación del protagonismo humano a manos del paisaje, que viene a ser la propuesta misma de José Manuel Ballester en su exposición.

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26/9/2008

“Espacios Ocultos”

Un lugar para un descanso (José Manuel Ballester)
El artista José Manuel Ballester propone en la galería “Distrito Cu4tro” de Madrid una subversión artística que es en realidad una reivindicación del género pictórico del paisaje. No fue hasta finales del siglo XVII cuando empezó a considerarse que los lienzos podían resultar atractivos sin que hubiera en ellos rastro humano. Hasta entonces, la presencia de las figuras era el tema y el vehículo de expresión, mientras que los espacios no eran sino el decorado, real o metafórico, de la anécdota humana.

Ballester reinterpreta a Brueghel
Para “corregir” esta infamia, Ballester ha elegido media docena de cuadros emblemáticos del Museo del Prado y los ha desposeído de la presencia abusiva del hombre. Su proyecto “Espacios ocultos” (que puede verse hasta el 23 de octubre en la citada galería) otorga a los escenarios un papel más que relevante exclusivo, recomponiendo obras clásicas de pintores italianos y de los Países Bajos, que aparecen cual escenarios desnudos, limpios de contaminantes siluetas figurativas.

Ballester reinterpreta a Boticelli
Se agradece el “retoque” en las tablas de Sandro Boticelli que recogen la “Historia de Nastagio degli Onestio”, inspirada en “El Decameron” de Boccaccio. Aquí la sádica contemplación del tormento de la doncella da paso a un idílico bosque donde la paz sólo es posible en ausencia del hombre.

Un lugar para la Anunciación (José Manuel Ballester)La defensa del escenario plantea al mismo tiempo la paradoja: ¿Qué sentido tiene la “Anunciación” de Fra Angelico sin María ni el arcángel?

En "Espacios Ocultos" (que dejan de serlo) el paisaje es el mensaje. Pero aun cuando se erige en protagonista, en algunos casos cuesta observar los cuadros sin la referencia antigua de los humanos y sus quehaceres.

Particularmente inhóspito aparece el tríptico de “El jardín de las delicias”, de El Bosco, un escenario yermo y completamente descontextualizado que nos remite a imágenes cinematográficas igualmente inquietantes y desoladoras: las de ciudades antaño sobre pobladas y ahora desiertas por la propia locura humana.

El jardín deshabitado (José Manuel Ballester)
CONTINÚA EN: “La deshumanización del escenario

24/9/2008

El otro Pedro: Masó


Ignoro cuál es el procedimiento por el cual una jornada determinada queda constituida como el “Día (Nacional, Mundial, Internacional...) de Loquesea”. La semana pasada celebramos, entre otros, el del Alzheimer (auspiciado por la OMS), y también el de “la Bisexualidad” (!). Me consta que al igual que los procesos de beatificación, o de concesión del Premio Nobel, existen los correspondientes protocolos a fin de adjudicar una fecha a un asunto más o menos relevante. Obviamente existen rangos de importancia, pues no es lo mismo un día “de la mujer trabajadora” que un día “de la patata”, aunque a juicio de algunos ambos sean la monda…

El pasado martes un hombre de 81 años, cuyo oficio –en sus propias palabras- era “el Cine”, hizo su particular e intransferible fundido a negro. Se llamaba Pedro Masó y dejó como legado algo más que un centenar de películas y series de televisión: Supo trasladar -al papel de sus guiones y a las imágenes de sus películas- el espíritu de la época que le tocó vivir. Y lo hizo con un acierto incuestionable: el 90% de sus films fueron grandes éxitos. Por no hablar de sus series de televisión: “Brigada Central” y “Anillos de Oro”, que en su tiempo tuvieron una repercusión que ríete tú del fenómeno de “Héroes” (con sumo gusto, además). “Brigada…” fundamentó un género que hoy permanece inmutable (salvo el mareante y “moderno” cámara al hombro), y “Anillos…” es un retrato social de la Transición envuelto en una fina ironía: abogados matrimonialistas que acaban enamorándose y reformulando una familia. Qué visión la de Masó; y qué diálogos los de la “profa” Ana Diosdado.

No es España un país magnánimo con sus hombres y mujeres de talento. Al reciente –y vergonzoso- caso de Javier Bardem me remito. Si hasta la concesión del Príncipe de Asturias a Rafa Nadal ha generado un debate nacional a la altura de… por ejemplo… ¿la no titularidad de Raúl en el Real Madrid?

Ya es hora que este país empiece a reivindicar, entre otros, a sus cómicos: Paco Martínez Soria, Pepe Isbert, Joan Capri, Gila, Mary Santpere… y a los cineastas que los catapultaron a la fama con vehículos (meritoriamente escritos) para su lucimiento. Toda esta buena gente del cine se merece algo más que una estatua, un teatro o una calle con su nombre. Deberían tener su propio “Día Nacional”.

En el “Día de Pedro Masó” las calles serían tomadas por chicas de la Cruz Roja, que cantarían a los transeúntes conmoviéndolos a donar unos euros. Los bancos y cajas de ahorro ampliarían su horario de atención hasta las tres, momento en que invitarían a cava a sus clientes conmemorando el histórico atraco de López-Vázquez, Cassen, Aleixandre y compañía. Los taxistas se esforzarían por dar la imagen de ángeles del volante, y los municipales cambiarían su uniforme reglamentario por el inmemorial de guardia urbano (casco-orinal incluido) que lucía Manolo Morán.

Durante 24 horas los expedientes de divorcio quedarían congelados en espera de una reconciliación. Las grandes familias numerosas tendrían acceso gratuito a transportes, cines, teatros, conciertos y parques temáticos. Se celebraría un torneo benéfico de fútbol femenino llamado “Memorial Ibéricas”, precedido por un desfile de vehículos antiguos de la marca Citroën conducidos por monjas... Y, por último, todos los canales emitirían películas de Paco Martínez Soria escritas, producidas o dirigidas por este cineasta de raza que una vez dijo que “algunos no deberíamos cumplir años; hacemos mucha falta aquí, para entretener.” Se quedó corto. Él y otros de su tiempo (Berlanga, Azcona, Borau…) hicieron mucho más que entretener: enseñaron a un país a mirarse en el espejo, a superar los días malos, a poner su esperanza en los buenos y a creer unos en los otros. Ellos hicieron bien su trabajo. Si acaso somos los demás los que hemos fracasado.

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23/9/2008

¿Quién se queja?


Resulta que la crisis no está tan mal. Ahora, como no hay quien consiga una hipoteca las “arruinadas” constructoras ofertan el alquiler con derecho a compra. O lo que es lo mismo: que puedes comprarles la vivienda directamente a ellas sin que un banco se quede el 75% de lo que uno aporta los primeros cinco años.

Desde que nos dieron la barrila con la crisis del agua, los catalanes se han convertido en la comunidad que más ha ahorrado en consumo hídrico. Nos duchamos menos y hemos dejado morir nuestros jardines, pero hemos dado una lección ejemplar de compromiso ciudadano.

Como los carburantes se han puesto por las nubes la gente se lo piensa dos veces antes de coger el coche, lo que reduce la contaminación y el caos circulatorio en las grandes ciudades. Algunos cargos públicos siguen necesitando dos coches oficiales y cuatro motoristas para desplazarse, pero eso no cuenta.

Llevamos décadas denunciando el timo de los libros de texto sin que la Administración se dé por aludida. Este año cientos de colegios públicos han optado por su reciclaje. ¿Que perjudica a la industria editorial? No más que la era digital. ¿Qué hacen nuestros hijos cargando a su espalda doce quilos de papel impreso si pueden llevarlo digitalizado (junto con media Biblioteca Nacional) en un pendrive de 20 gramos?

Nos encontramos frente a una crisis aún mayor que la financiera: la energética. Pero no hay por qué alarmarse: jamás dejarán que afecte al negocio de la Fórmula 1; y el próximo fin de semana se correrá el primer Gran Premio nocturno con una iluminación artifical que apenas multiplicará por ¡1.000! el consumo habitual de las calles de Singapur. Y luego nos vienen con que utilicemos bombillas de bajo consumo o que no olvidemos apagar el televisor porque el Planeta agota sus recursos...


Por fin Cercanías RENFE ha decidido atender las quejas de sus usuarios. Han detectado en su encuesta anual que con el auge del iPod el hilo musical de los convoys ya no tiene sentido y han decidido suprimirlo. Al respecto de los retrasos injustificados, la ausencia de información cuando se produce una incidencia, la insalubridad, escasez de urinarios y descontrol de los climatizadores en los vagones, la caducidad radical de abonos de transporte con el cambio de tarifas y demás "insignificancias", de momento, no se adoptarán medidas.

Y lo mejor: la Generalitat ha anunciado que invertirá en una tecnología que detecta el número de ocupantes de un vehículo para rebajar el precio de los peajes a quienes viajen en grupo (o subirlo a los que circulan en solitario, vamos). De invertir en una tecnología que detecte propuestas estúpidas para evitarles hacer el ridículo ante la opinión pública no han dicho nada aún.

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22/9/2008

La memoria en el Cine

Este artículo forma parte del monográfico: CINE Y MEMORIA


Ayer fue el "Día Mundial del Alzheimer", una enfermedad por la que me siento francamente sensibilizado. Quizá porque para alguien que escribe es -junto al bloqueo creativo frente al papel/pantalla en blanco- la peor amenaza posible.

En todo caso considero que es una ocasión magnífica para "recordar" algunas de las cosas que ya hemos publicado sobre el vínculo entre el Cine y este terrible desorden progresivo, degenerativo e irreversible del cerebro que causa la debilitación, la desorientación y una eventual muerte intelectual:


CINE Y MEMORIA


Monográfico: “CINE Y MEMORIA”cine y alzheimer
cine y amnesia
amnesia orgánica
amnesia disociativa
condiciones amnésicas inexistentes
memoriones y desmemoriados

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20/9/2008

El piano en el Cine


La centenaria historia del Cine ofrece títulos simples (“El piano”, “El pianista”, “La pianista”, “Organilleros”...). Otros son algo más elaborados, como “Los que tocan el piano” (que es un título engañoso), “Tirar sobre el pianista” de François Truffaut, o “Tirarse a la pianista”, estrenada directamente en dvd y accesible en la habitación secreta de los videoclubs.

Pero lo mejor será empezar por el principio…


DEL GAVEAU AL CSOUND

El cine y el piano arrancaron juntos su singladura. El séptimo arte nació mudo, pero el público no; de modo que, siguiendo la práctica de otros espectáculos, las proyecciones se ofrecían con acompañamiento musical en directo, habitualmente un pianista improvisaba un repertorio más o menos adecuado al contenido de las imágenes, aunque algunos pudieron disfrutar con orquestas completas subrayando el impacto visual de las llamadas “silents”.

Emile Maraval tocó un piano Gaveu en la histórica presentación del cinematógrafo que los hermanos Lumiere organizaron en París el día de los Santos Inocentes de 1895. Por semejante acción Maraval obtuvo el derecho a pasar a la historia del séptimo arte, pero lo cierto es que nadie –ni siquiera la wikipedia francesa, que tiene delito- se acuerda de él.

En nuestro país, el maestro Joan Pineda ha deleitado a nuestra generación con sus magistrales sesiones prestando los acordes de su piano a films de Méliès (de éste sí se acuerdan), Murnau, Keaton y Segundo de Chomón, entre otros.



LA PARADOJA.-El compositor Vladimir Horowitz, que estableció un vínculo profesional muy fructífero con Disney, protagonizó un cortometraje mudo en el que podían admirarse sus virtuosismos pianísticos, pero donde no se oía una sola nota. El mundo al revés: el pianista que sonorizaba en vivo las imágenes silenciosas atrapado (y acallado) por ellas.



No todo es nostalgia y romanticismo en la labor de los pianistas del cine mudo, como bien recoge el blog "Pasión Silente" en un artículo que no tiene desperdicio y que se refiere a las impertinencias del público (“que cuando no le pita le apedrea con cortezas de avellanas, castañas, naranjas o bolas de papel") y el maltrato laboral que los maestros tenían que soportar:
"…están obligados a marchar al unísono del motor, siempre sentados, la vista fija en la tela, el oído atento para que el público no arme bronca, no improvisando porque el público quiere música conocida, no tocando música conocida porque el público la corea..."
Cuando llegó el sonoro, aquellos pianistas se quedaron sin trabajo y algunos de ellos se reciclaron como compositores de música incidental.

Pero éste no es –ni lo pretende ser- un estudio sobre la relevancia del piano en la evolución de las partituras compuestas o arregladas para la pantalla, desde los rags de Scott Joplin recuperados para “El Golpe” hasta los “revolucionarios” sintetizadores de Vangelis para “Carros de fuego” y “Blade Runner”, pasando por el minimalismo de Michael Nyman para el cine de Peter Greenaway.

Tampoco es un repaso a los biopics sobre pianistas célebres (del sordo Beethoven al ciego Ray Charles), o cameos de ilustres pianomen en películas que nada tenían que ver con el género musical (como Nat King Cole en la masterpiece de cine negro “Gardenia azul”, de Fritz Lang)

Nos interesa más la función dramática del piano (por extensión de los pianistas) en las películas. Por ejemplo su utilización como gag en el cine cómico de todos los tiempos:


Personajes que se esconden en su interior, carreras suicidas sin volante a bordo de pianos con ruedas, tapas que se cierran súbita o intencionadamente sobre los dedos, teclas que dejan de sonar cuando se las necesita (o viceversa), cuerdas que se rompen fustigando sin compasión...

Pistoleros perforando a balazos los rollos de la pianola del Saloon componiendo nuevas melodías, cefaleas e histerismos a causa de los insufribles ensayos del niño del vecino, aparatosas caídas al tomar asiento frente al teclado o derrapando sobre él al pasarse con las escalas, persecuciones por culpa de, detrás de, seguido de y por dentro de un piano, utilizándolo como canoa o como obstáculo para escapar, cayendo a plomo sobre un desdichado personaje, con frecuencia el Coyote…

He aquí un sketch de "El show de los teleñecos" en torno a las dificultades de Rowlf, el perro pianista, para interpretar una pieza:



En el Cine, aparte de como objetos decorativos en films sobre la corte francesa, u oportunidades de colocar disimuladamente product placement de Steinway o Yamaha, los pianos tienen muchas utilidades. Nos encargaremos de enumerar algunas de ellas en el capítulo “Para qué sirve un piano”.

© (!) hombre perplejo, 2008

    19/9/2008

    Cine y Pianos


    Hace unos días el siempre ingenioso Al publicó en su blog un post a propósito de “Los fabulosos Bakers Boys” y me animó a desempolvar unos apuntes sobre los pianos en el cine. En realidad el trabajo era la perfecta coartada para mantener en mi ordenador un fondo de pantalla de Michelle Pfeiffer de lo más sexy sobre un piano de cola sin despertar las sospechas de mi mujer. Como ven, una excusa de lo más vulgar que me obligó a aparcar el proyecto en su día.

    Sin embargo, no abandoné la idea de abordarla más tarde (obviamente me refiero a la materia, no a Michelle) y una vez repasados, corregidos y aumentados aquellos torpes esbozos comienzo mañana a publicar una nueva serie de “Cine y…” que se compone de esta introducción y algunos capítulos; inicialmente siete, como las notas de la escala musical, aunque no descarto que piano-piano y según las colaboraciones que reciba, pueda añadirse alguno más.

    Para acceder a todos los contenidos del monográf(!)co, pulsar sobre el banner:


      18/9/2008

      Hoy no escribo yo

      "Las décadas transcurridas entre la generación de nuestros hijos y nuestra propia juventud de lectores han tenido el efecto de siglos.
      De manera que si, bien nos sentimos psicológicamente más próximos a nuestros hijos de lo que nuestros padres lo estaban con respecto a nosotros, seguimos estando, intelectualmente hablando, más próximos a nuestros padres.
      (Aquí, controversia, discusión, puntualización de los adverbios “psicológicamente” e “intelectualmente”. Refuerzo de un nuevo adverbio):
      Afectivamente más próximos, si prefieres.
      ─¿Efectivamente?
      ─No he dicho efectivamente, he dicho afectivamente.
      ─En otras palabras, estamos afectivamente más próximos a nuestros hijos, pero efectivamente más próximos a nuestros padres, ¿no es eso?
      ─Es un “hecho social”. Una acumulación de “hechos sociales” que podrían resumirse en que nuestros hijos son también hijos e hijas de su época, mientras que nosotros sólo éramos hijos de nuestros padres.
      ─¿...?
      ─¡Claro que sí! De adolescentes, no éramos los clientes de nuestra sociedad. Comercial y culturalmente hablando, era una sociedad de adultos. Ropas comunes, platos comunes, cultura común, el hermano pequeño heredaba los trajes del mayor, comíamos el mismo menú, a las mismas horas, en la misma mesa, dábamos los mismos paseos el domingo, la tele unía a la familia en una única y misma cadena (mucho mejor además, que todas las de hoy). [...] Mientras que hoy... los adolescentes son clientes de pleno derecho de una sociedad que los viste, los distrae, los alimenta, los cultiva; en la que florecen los macdonalds, los burguers y las boutiques de moda..."


      DANIEL PENNAC en “Como una novela”
      Daniel Pennac (que fue un pésimo estudiante) acaba de publicar “Mal de escuela”, donde aborda la cuestión de la escuela y la educación desde un punto de vista insólito, el de los malos alumnos.

      15/9/2008

      Plataformas


      Si descartamos las petrolíferas, las de desarrollo informático y las de televisión digital el resto de plataformas tienen una utilidad común: subirse a ellas para hacerse ver y pregonar un discurso. Lo hacían los profetas de la Antigüedad para transmitir al pueblo mensajes divinos y lo siguen haciendo en foros públicos como el neoyorquino Central Park visionarios, iluminados y vaticinadores apocalípticos. Grupos de música y de teatro, orquestas de pueblo y rapsodas, políticos y verdugos, estatuas humanas en Las Ramblas, vencedores olímpicos, drag-queens… Sean podiums o cadalsos, simples cajones o aparatosos escenarios, zancos vertiginosos o tacones interminables. Por necesidad y/o exhibicionismo todos usan plataformas porque es la mejor forma de que todos los demás les vean.

      Hacerse ver y hacerse oír; he ahí su función básica y por ello las personas con una finalidad concreta tienden a organizarse en grupos a los que denominan plataformas: contra la guerra o por la defensa del transporte, reivindicando una obra pública u oponiéndose a ella, apoyando a un político o cargando contra él, exigiendo la abolición de las corridas de toros o suplicando una excarcelación “injusta”… Como los humanos que las integran, las plataformas son de lo más heterogéneo. El buscador Google registra cincuenta millones de entradas; o sea que las hay para todos los gustos y necesidades. Desde la sesuda “por una sociedad laica” hasta la simpática “de cortometrajistas indignados”.

      El problema es que cuando hay cientos, miles de plataformas habilitadas, se produce un overboking de iniciativas y nadie sobresale. Son tantas las voces, los focos de atención, que los discursos se solapan, las intenciones se confunden y el ruido prevalece sin ecualización posible. Alguien debería fundar la "Plataforma anti-plataformas" y proponer alternativas para que los grupos puedan hacer llegar sus mensajes de forma más creativa y eficaz.


      Pondré un ejemplo: En la Nacional II la carretera pasa entre dos yermos montes. En el de la izquierda puede leerse la colosal reivindicación que, con enorme esfuerzo, los miembros de alguna plataforma han escrito apilando pedruscos de grandes dimensiones: “No a la incineradora”, reza el eslogan. Es impresionante. Pero aún lo es más el lema de la otra montaña siguiendo el mismo procedimiento de amontonar piedras: “Idem”. ¿Entienden a lo que me refiero?

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      10/9/2008

      La Momia es lo de menos


      ¡Me lo he pasado en grande! Cuando hace unos meses fui a ver ilusionado la última aventura de Indiana Jones salí del cine convencido de que lo mejor de la tarde había sido el trailer de “La Momia 3: la tumba del emperador Dragón”.

      Precisamente porque la expectativa era alta quise protegerme contra la decepción y me auto-convencí de que no debía esperar demasiado. Tardé poco en rendirme a la evidencia: el film de Rob Cohen te da más por el mismo precio.

      Como he dicho alguna vez, rara es la apuesta de blockbuster que no cuenta a priori con los ingredientes adecuados. En este caso las grandes bazas han sido la oportuna sustitución de la cultura egipcia por la china y, en consecuencia, la apuesta por las estrellas orientales Jet Li y Michelle Yeoh. Pero la gran sorpresa de este remate a la trilogía de Sommers (esta vez en funciones de productor) es su entrega absoluta a la recuperación del género de aventuras clásico donde lo de menos parece precisamente la momia.

      Como era de esperar los efectos digitales son impresionantes, pero esta vez están a servicio de la nostalgia y el homenaje. Las generaciones más jóvenes no tienen ese referente (salvo una distorsionada y fragmentada evocación televisiva). Sin embargo, gracias a esta película, los que en su día fuimos adictos a las sesiones dobles en los cines de barrio podemos disfrutar de lo lindo recuperando la magia de Shangry-La, las aventuras de Sinbad y las criaturas de Ray Harryhausen. Esta vez recreadas por ordenador en vez de a mano, y renderizadas en vez de capturadas fotograma a fotograma, pero con el mismo espíritu creativo. Además, los títulos de crédito son una maravilla que -para no ser menos- también son un modélico homenaje a uno de los grandes: Saúl Bass.

      “La Momia 3” es un film para divertirse en la sala con toda la familia. Al contrario de las dos primeras entregas, ésta es mucho menos terrorífica y no se ve una gota de sangre. También es una petición segura a los Reyes las próximas Navidades. Con independencia de los extras con que se comercialice el dvd, el juego está garantizado: hacer una lista de guiños (cinéfilos o no) que nutren el film. Los hay en abundancia: Ben-Hur, Tintín en el Tibet, Horizontes perdidos, El monje, los guerreros de Xian, Frank Miller, El Quinto elemento, Casablanca, El ejército de las tinieblas, Jasón y los argonautas, Monstruos SA, Sinbad y el ojo del tigre, Arma letal, Jurassic Park… y un sinfín descarado de referencias a la trilogía inspiradora de Indiana Jones.


      8/9/2008

      El vacile de septiembre


      Estos días se habla mucho de síndrome post-vacacional, vuelta a la rutina y Liga de Fútbol. En petit comité los términos se confunden y el personal comparte experiencias de ligues vacacionales, fútbol rutinario y síndrome de la Vuelta (ciclista). En cambio, los medios no prestan tanta atención a una costumbre ancestral que ejercita el más pintado y que suele conocerse como “el vacile de septiembre” o “el pique a la baja”.

      La práctica consiste en demostrar a los demás que durante el verano uno ha conseguido el artículo o el servicio más espectacular (de ahí el vacile), pero por muy poco dinero o gratis (de ahí lo de “a la baja”). Aunque algún spot de coches explote el argumento, el español no es de los que recurre a la ostentación para impresionar al otro. Más bien al contrario. Aquí se camufla la calidad de vida con consignas-barricadas del tipo “vamos tirando” o “podría ir mejor”. Si hasta el que gana el Gordo de Navidad suelta aquello de “servirá para tapar unos agujerillos…”…

      Ahora que atravesamos una crisis económica, qué mejor alarde que gastar menos que los demás, pero obteniendo mayores beneficios. Esto sí que es más castizo que la tortilla de patatas: provocar envidia.

      Los compañeros del trabajo se disputan el cetro del “chollero” del verano con pujas invertidas: la mejor ganga de las rebajas, el hotel todo incluido a precio tirado, un crucero lujosísimo 2x1… Cuanto mayor es el chollo que explica el interlocutor, más revestimos nuestra proeza para derrotarle “por la mínima”.

      El otro día metí a la familia en el coche y nos fuimos a un pueblecito de la costa. Tras un largo paseo que nos abrió el apetito descubrimos, semioculto en una callejuela, un restaurante donde probamos los calamares más deliciosos del mundo. Después fuimos a la playa y los críos se lo pasaron en grande con unas atracciones inflables que el Ayuntamiento pone a disposición de los turistas. Mientras los chicos jugaban en la orilla me sumergí en una mar serena y sentí cómo la herida de la pierna iba mejorando con el yodo y la sal. Durante casi una hora sometí a mis pies a una terapia de masaje y exfoliación caminando sobre la arena. Después nos sentamos y contemplamos juntos uno de esos atardeceres que imaginan los acuarelistas… Total: con lo que nos ahorramos en atracciones, medicamentos, balneario, reflexoterapia, esteticién y espectáculo no habrá quien nos discuta el puesto de honor en el Olimpo de los Chollos.


      Fotos: Cataratas Victoria - Vía: Funatiq

      4/9/2008

      El guión de “El caballero oscuro”


      Con frecuencia aquellos films llamados a convertirse en éxitos abrumadores de taquilla poseen los ingredientes previstos: reparto estelar, director comercial, megacampaña promocional, efectos digitales novedosos… Pero, aunque partan de material argumental interesante, la mayoría adolecen de un guión tan impecable como la gestión del resto de recursos técnicos y mercadotécnicos.

      La última epopeya del hombre murciélago fue diseñada para arrasar en taquilla y ha cumplido su objetivo, al igual que “Kung Fu Panda”, “Indiana Jones IV” o “La Momia 3”, de la que hablaré otro día. Pero desde "El Golpe" (1973) ningún libreto original de "superproducción" ha logrado hacerse con el Oscar*.

      “El caballero oscuro” podrá gustar más o menos. He leído algunas críticas y sorprende las múltiples y variadas lecturas que produce en los especialistas. También están las valoraciones de quienes no pueden sustraerse al ejercicio comparativo: entre el estilo de Christopher Nolan y el de Tim Burton, entre el Batman de DC y el de Hollywood, entre el Joker de Jack Nicholson y el de Heath Ledger…

      Yo me siento inclinado a destacar el guión de los hermanos Jonathan y Christopher Nolan.


      Técnicamente es impecable. Riguroso, académico, audaz, elaborado. Podría utilizarse como manual de referencia y aprendizaje. Un curso comprimido de escritura cinematográfica. Es obvio que tiene sus defectos “menores”, como bien se encargan de detectar los blolegas de “Ciencia vs Ficción”; pero las licencias tecnológicas o los fallos de racord no pueden considerarse errores “de guión”, aunque a menudo se coleccionan como si así fuera.

      Nunca es fácil abordar la translación de un héroe del cómic a la pantalla, pero los Nolan salen bien parados reinventando el bat-universo y llevándolo a un nivel conceptual muy superior a cualquiera de las tentativas anteriores. Lo hacen, además, con el handicap de la duración: dos horas y media de espectáculo. Y como Christopher es el responsable último del invento es lícito pensar que la historia que querían contar era ésta y no necesitaban hincharla artificialmente. No lo han hecho y el mérito es digno de destacar. Sin ir más lejos, “las calaveras de cristal” tiene una panza preocupante en el segundo acto y toda la película trasmite la sensación de necesitar un “repelado” o afinado de las secuencias.

      De entre los muchos aciertos de este pulcro guión destacaría el diseño preciso de los personajes. Se habla mucho de la prodigiosa recreación de Heath Ledger (nada que objetar), pero conviene señalar que para cuando el Joker se manifiesta ya ha sido magistralmente presentado a la audiencia con recursos dramáticos y detalles determinantes de caracterización ajenos a la interpretación del actor (que se presume será oscarizada).

      Paradójicamente es en el ámbito de los personajes donde el guión presenta su –a mi juicio- gran avería. Si bien la construcción de los roles protagónicos (Bruce Wayne, el Joker y Harvey Dent) es excelente, y la de los secundarios (Lucius, Gordon, Alfred) no le va a la zaga, el papel de Rachel –por desgracia la única “chica”- naufraga en una historia de héroes y villanos masculinos.

      No cuestiono las consecuencias ético-sociales de esta “afrenta machista” (que dirán algunas) sino cómo tal circunstancia repercute en la trama principal.

      Argumentalmente Rachel es el objeto de deseo de Wayne y Dent. Sobre esta contienda latente se fundamentan las motivaciones emocionales de ellos y gran parte de la estructura narrativa del tercer acto.

      El problema es que Rachel es un personaje insulso, nada interesante. Cuando ella aparece se limita a “estar en escena”, al servicio de la historia y de los demás personajes. Por propia iniciativa nunca provoca un giro narrativo, ni se convierte en un obstáculo, ni en un revulsivo. Y lo que es peor: jamás nada de lo que ella diga o haga (que es bien poco) hace avanzar la historia. La ¿abogada? tiene muy pocas ocasiones para lucirse, y cuando le llega el turno (como en el interrogatorio a Lao) se muestra incapaz de resolver y pasa el testigo a Dent, que en un pis-pas soluciona el conflicto. Esto es grave, no porque la pobre Maggie Gyllenhaal –que no tiene la culpa- deambula por la historia como mujer batflorero, sino porque la credibilidad del núcleo argumental se resiente. ¿Cómo pueden Bruce y Harvey estar tan perdidamente enamorados de ella? (Y deben estarlo para que la trama culmine) ¿Cuál es el encanto de Rachel, su atractivo, su poder?...

      No conozco las razones por las que esto ocurre, aunque es fácil imaginárselo si se repasa la filmografía de Nolan, donde los personajes femeninos han sido siempre su asignatura pendiente.

      Salvo esta lacra argumental -que el director sabe encubrir con su dominio del tempo dramático, el montaje paralelo y más de un Joker en la manga-, el guión de “El caballero oscuro” no es el que nos merecíamos, pero sí el que necesitábamos.


      *Sí se han dado casos en guiones adaptados, como el de “El Señor de los Anillos”.

      2/9/2008

      Agostazos


      Hasta no hace mucho, el octavo mes del año al que el emperador Augusto bautizó con su propio nombre era temido por sus altas temperaturas. Pero desde que nos dio por perforar la capa de ozono el tema de los grados se ha generalizado y hoy agosto ya no es sinónimo de infierno vacacional. Con todo, sigue provocando el pánico por sus “agostazos”, que no son los peligrosos golpes de calor ni las sofocantes aglomeraciones en rebajas, sino la nociva exposición a gentes que se lucran aprovechando las especiales circunstancias de estos días.

      Entre quienes “hacen su agosto” figuran, en lugar destacado, los instaladores de aire acondicionado, que no satisfechos con ser los industriales más solicitados del momento, y cubrir cuantas horas quieran con encargos de agostados clientes, modifican al alza sus tarifas en función de esta inabarcable demanda. Algunos piden hasta 250 € la hora, material y desplazamientos aparte. ¿Para qué invertir diez años en estudiar Medicina si con un cursillo de técnico instalador en climatización puedes acondicionarte una jubilación de lujo?…

      Otros que sacan vergonzoso partido son muchos restaurantes, que han eliminado de sus cartas el envase de litro de agua mineral sustituyéndolo por el insuficiente de 330 cc. y en algunos “generosos” casos por el del justito 500 cc. Eso sí: manteniendo el precio de la botella grande. ¡A pagar para apagar la sed!

      Los talleres mecánicos son agosteños por partida doble. Además de la instalación, reparación y carga de a.a. en automóviles que -cosa extraña- suelen estropearse por estas fechas, aumentan indirectamente su volumen de negocio gracias a la obstinada manía de los consistorios por levantar calles y carreteras en estas fechas. Baches, grietas y parches castigan severamente los neumáticos, amortiguadores, frenos y dirección del más cauto. Debería hacerse un estudio sobre el efecto devastador de las Obras Públicas en el presupuesto de los conductores. Y de paso que se cuestionen si tales desgastes inciden de alguna manera en la siniestralidad veraniega mucho más que el éxito o fracaso relativo del cacareado carnet por puntos.


      —¿Qué tiene de malo la ciencia? Mira: yo, entre el aire acondicionado y el Papa, prefiero el aire acondicionado. (Desmontando a Harry)