20 sept. 2008

El piano en el Cine


La centenaria historia del Cine ofrece títulos simples (“El piano”, “El pianista”, “La pianista”, “Organilleros”...). Otros son algo más elaborados, como “Los que tocan el piano” (que es un título engañoso), “Tirar sobre el pianista” de François Truffaut, o “Tirarse a la pianista”, estrenada directamente en dvd y accesible en la habitación secreta de los videoclubs.

Pero lo mejor será empezar por el principio…


DEL GAVEAU AL CSOUND

El cine y el piano arrancaron juntos su singladura. El séptimo arte nació mudo, pero el público no; de modo que, siguiendo la práctica de otros espectáculos, las proyecciones se ofrecían con acompañamiento musical en directo, habitualmente un pianista improvisaba un repertorio más o menos adecuado al contenido de las imágenes, aunque algunos pudieron disfrutar con orquestas completas subrayando el impacto visual de las llamadas “silents”.

Emile Maraval tocó un piano Gaveu en la histórica presentación del cinematógrafo que los hermanos Lumiere organizaron en París el día de los Santos Inocentes de 1895. Por semejante acción Maraval obtuvo el derecho a pasar a la historia del séptimo arte, pero lo cierto es que nadie –ni siquiera la wikipedia francesa, que tiene delito- se acuerda de él.

En nuestro país, el maestro Joan Pineda ha deleitado a nuestra generación con sus magistrales sesiones prestando los acordes de su piano a films de Méliès (de éste sí se acuerdan), Murnau, Keaton y Segundo de Chomón, entre otros.



LA PARADOJA.-El compositor Vladimir Horowitz, que estableció un vínculo profesional muy fructífero con Disney, protagonizó un cortometraje mudo en el que podían admirarse sus virtuosismos pianísticos, pero donde no se oía una sola nota. El mundo al revés: el pianista que sonorizaba en vivo las imágenes silenciosas atrapado (y acallado) por ellas.



No todo es nostalgia y romanticismo en la labor de los pianistas del cine mudo, como bien recoge el blog "Pasión Silente" en un artículo que no tiene desperdicio y que se refiere a las impertinencias del público (“que cuando no le pita le apedrea con cortezas de avellanas, castañas, naranjas o bolas de papel") y el maltrato laboral que los maestros tenían que soportar:
"…están obligados a marchar al unísono del motor, siempre sentados, la vista fija en la tela, el oído atento para que el público no arme bronca, no improvisando porque el público quiere música conocida, no tocando música conocida porque el público la corea..."
Cuando llegó el sonoro, aquellos pianistas se quedaron sin trabajo y algunos de ellos se reciclaron como compositores de música incidental.

Pero éste no es –ni lo pretende ser- un estudio sobre la relevancia del piano en la evolución de las partituras compuestas o arregladas para la pantalla, desde los rags de Scott Joplin recuperados para “El Golpe” hasta los “revolucionarios” sintetizadores de Vangelis para “Carros de fuego” y “Blade Runner”, pasando por el minimalismo de Michael Nyman para el cine de Peter Greenaway.

Tampoco es un repaso a los biopics sobre pianistas célebres (del sordo Beethoven al ciego Ray Charles), o cameos de ilustres pianomen en películas que nada tenían que ver con el género musical (como Nat King Cole en la masterpiece de cine negro “Gardenia azul”, de Fritz Lang)

Nos interesa más la función dramática del piano (por extensión de los pianistas) en las películas. Por ejemplo su utilización como gag en el cine cómico de todos los tiempos:


Personajes que se esconden en su interior, carreras suicidas sin volante a bordo de pianos con ruedas, tapas que se cierran súbita o intencionadamente sobre los dedos, teclas que dejan de sonar cuando se las necesita (o viceversa), cuerdas que se rompen fustigando sin compasión...

Pistoleros perforando a balazos los rollos de la pianola del Saloon componiendo nuevas melodías, cefaleas e histerismos a causa de los insufribles ensayos del niño del vecino, aparatosas caídas al tomar asiento frente al teclado o derrapando sobre él al pasarse con las escalas, persecuciones por culpa de, detrás de, seguido de y por dentro de un piano, utilizándolo como canoa o como obstáculo para escapar, cayendo a plomo sobre un desdichado personaje, con frecuencia el Coyote…

He aquí un sketch de "El show de los teleñecos" en torno a las dificultades de Rowlf, el perro pianista, para interpretar una pieza:



En el Cine, aparte de como objetos decorativos en films sobre la corte francesa, u oportunidades de colocar disimuladamente product placement de Steinway o Yamaha, los pianos tienen muchas utilidades. Nos encargaremos de enumerar algunas de ellas en el capítulo “Para qué sirve un piano”.

© (!) hombre perplejo, 2008

    1 perplejos apuntes:

    The Volta Magazine dijo...

    Excelente entrada, estoy haciendo un libro sobre bandas sonoras y me gustaría citar tu entrada. ¿Cuál es tu nombre, o en dónde has publicado este artículo?