24 sept. 2008

El otro Pedro: Masó


Ignoro cuál es el procedimiento por el cual una jornada determinada queda constituida como el “Día (Nacional, Mundial, Internacional...) de Loquesea”. La semana pasada celebramos, entre otros, el del Alzheimer (auspiciado por la OMS), y también el de “la Bisexualidad” (!). Me consta que al igual que los procesos de beatificación, o de concesión del Premio Nobel, existen los correspondientes protocolos a fin de adjudicar una fecha a un asunto más o menos relevante. Obviamente existen rangos de importancia, pues no es lo mismo un día “de la mujer trabajadora” que un día “de la patata”, aunque a juicio de algunos ambos sean la monda…

El pasado martes un hombre de 81 años, cuyo oficio –en sus propias palabras- era “el Cine”, hizo su particular e intransferible fundido a negro. Se llamaba Pedro Masó y dejó como legado algo más que un centenar de películas y series de televisión: Supo trasladar -al papel de sus guiones y a las imágenes de sus películas- el espíritu de la época que le tocó vivir. Y lo hizo con un acierto incuestionable: el 90% de sus films fueron grandes éxitos. Por no hablar de sus series de televisión: “Brigada Central” y “Anillos de Oro”, que en su tiempo tuvieron una repercusión que ríete tú del fenómeno de “Héroes” (con sumo gusto, además). “Brigada…” fundamentó un género que hoy permanece inmutable (salvo el mareante y “moderno” cámara al hombro), y “Anillos…” es un retrato social de la Transición envuelto en una fina ironía: abogados matrimonialistas que acaban enamorándose y reformulando una familia. Qué visión la de Masó; y qué diálogos los de la “profa” Ana Diosdado.

No es España un país magnánimo con sus hombres y mujeres de talento. Al reciente –y vergonzoso- caso de Javier Bardem me remito. Si hasta la concesión del Príncipe de Asturias a Rafa Nadal ha generado un debate nacional a la altura de… por ejemplo… ¿la no titularidad de Raúl en el Real Madrid?

Ya es hora que este país empiece a reivindicar, entre otros, a sus cómicos: Paco Martínez Soria, Pepe Isbert, Joan Capri, Gila, Mary Santpere… y a los cineastas que los catapultaron a la fama con vehículos (meritoriamente escritos) para su lucimiento. Toda esta buena gente del cine se merece algo más que una estatua, un teatro o una calle con su nombre. Deberían tener su propio “Día Nacional”.

En el “Día de Pedro Masó” las calles serían tomadas por chicas de la Cruz Roja, que cantarían a los transeúntes conmoviéndolos a donar unos euros. Los bancos y cajas de ahorro ampliarían su horario de atención hasta las tres, momento en que invitarían a cava a sus clientes conmemorando el histórico atraco de López-Vázquez, Cassen, Aleixandre y compañía. Los taxistas se esforzarían por dar la imagen de ángeles del volante, y los municipales cambiarían su uniforme reglamentario por el inmemorial de guardia urbano (casco-orinal incluido) que lucía Manolo Morán.

Durante 24 horas los expedientes de divorcio quedarían congelados en espera de una reconciliación. Las grandes familias numerosas tendrían acceso gratuito a transportes, cines, teatros, conciertos y parques temáticos. Se celebraría un torneo benéfico de fútbol femenino llamado “Memorial Ibéricas”, precedido por un desfile de vehículos antiguos de la marca Citroën conducidos por monjas... Y, por último, todos los canales emitirían películas de Paco Martínez Soria escritas, producidas o dirigidas por este cineasta de raza que una vez dijo que “algunos no deberíamos cumplir años; hacemos mucha falta aquí, para entretener.” Se quedó corto. Él y otros de su tiempo (Berlanga, Azcona, Borau…) hicieron mucho más que entretener: enseñaron a un país a mirarse en el espejo, a superar los días malos, a poner su esperanza en los buenos y a creer unos en los otros. Ellos hicieron bien su trabajo. Si acaso somos los demás los que hemos fracasado.

(!)

2 perplejos apuntes:

Pere dijo...

¡Felicidades por el artículo! Algunas personas y publicaciones del medio cinematográfico deberían leer lo que has escrito.

hombreperplejo dijo...

Igual alguna de ellas se pasa por aquí... ¡Gracias, Pere!