26 may. 2008

Nubosidad variable


“Negros nubarrones se cernían sobre el horizonte…”. Así comienza una de las más divertidas novelas negras de Gonzalo Suárez. Es una frase redundante, que aparece de forma sistemática en el relato confiriendo nuevas interpretaciones.

Así son también las nubes, esas masas de vapor acuoso suspendidas en la atmósfera que, como decía Tagore, se adornan de luz con magnificencia. Regresan a nuestro relato biográfico una y otra vez reformulando la vida. Los últimos tiempos se hicieron esperar; al menos las más oscuras, las preñadas de lluvia que enfoscan los cielos y descomponen el tiempo, los nimbos que habían de descargar sus chubascos sobre huertas y pantanos agrietados.

Pero las otras estuvieron ahí: Cuando éramos niños devorábamos las de algodón de azúcar. En nuestra adolescencia vivíamos permanentemente en ellas. De jóvenes tragábamos las de polvo pateando los caminos para conocer mundo. Jugábamos a formarlas con bocanadas de tabaco y las confundíamos con ovnis. Padecimos las de insectos en el campo y las de humo en las ciudades. Luego nos llegó lo que llaman la edad núbil y nos casamos. Para algunos su matrimonio fue una sucesión de días pardos y cielos entoldados; para otros las discrepancias en la convivencia se disiparon como nubes de verano. Y llegaron los hijos, como caídos de los cirros. Y se convirtieron en cúmulo de preocupaciones. Crecieron, como nosotros, con celajes de pájaros en la cabeza; y se hicieron bloguers anónimos que usaban nubes de etiquetas, o artistas famosos que huían de las de paparazzis recibiendo por ello una ídem de críticas. Los chicos nos pidieron dinero para pagar sus hipotecas, que se habían puesto por las nubes, como el precio del pan y del barril de petróleo. Nos hicimos mayores, y una mancha blanquecina en la córnea nos nubló la vista y la ilusión. Y creímos que se nos anubarraba el futuro con la neblina de la tercera edad. Pero lo que nos pareció un destino encapotado se convirtió en un esperanzador viaje más allá de cielos abiertos y veredas tapizadas de brumas y pileus.

Como ven, las nuestras son vidas de nubosidad variable.


Fotos de Gordon McBryde

1 perplejos apuntes:

carmensabes dijo...

Vaya que bién, voy a poner un banner para esta tu entrada, aunque sea antigua está preciosa...un besiños guapo!!!