15 sept. 2008

Plataformas


Si descartamos las petrolíferas, las de desarrollo informático y las de televisión digital el resto de plataformas tienen una utilidad común: subirse a ellas para hacerse ver y pregonar un discurso. Lo hacían los profetas de la Antigüedad para transmitir al pueblo mensajes divinos y lo siguen haciendo en foros públicos como el neoyorquino Central Park visionarios, iluminados y vaticinadores apocalípticos. Grupos de música y de teatro, orquestas de pueblo y rapsodas, políticos y verdugos, estatuas humanas en Las Ramblas, vencedores olímpicos, drag-queens… Sean podiums o cadalsos, simples cajones o aparatosos escenarios, zancos vertiginosos o tacones interminables. Por necesidad y/o exhibicionismo todos usan plataformas porque es la mejor forma de que todos los demás les vean.

Hacerse ver y hacerse oír; he ahí su función básica y por ello las personas con una finalidad concreta tienden a organizarse en grupos a los que denominan plataformas: contra la guerra o por la defensa del transporte, reivindicando una obra pública u oponiéndose a ella, apoyando a un político o cargando contra él, exigiendo la abolición de las corridas de toros o suplicando una excarcelación “injusta”… Como los humanos que las integran, las plataformas son de lo más heterogéneo. El buscador Google registra cincuenta millones de entradas; o sea que las hay para todos los gustos y necesidades. Desde la sesuda “por una sociedad laica” hasta la simpática “de cortometrajistas indignados”.

El problema es que cuando hay cientos, miles de plataformas habilitadas, se produce un overboking de iniciativas y nadie sobresale. Son tantas las voces, los focos de atención, que los discursos se solapan, las intenciones se confunden y el ruido prevalece sin ecualización posible. Alguien debería fundar la "Plataforma anti-plataformas" y proponer alternativas para que los grupos puedan hacer llegar sus mensajes de forma más creativa y eficaz.


Pondré un ejemplo: En la Nacional II la carretera pasa entre dos yermos montes. En el de la izquierda puede leerse la colosal reivindicación que, con enorme esfuerzo, los miembros de alguna plataforma han escrito apilando pedruscos de grandes dimensiones: “No a la incineradora”, reza el eslogan. Es impresionante. Pero aún lo es más el lema de la otra montaña siguiendo el mismo procedimiento de amontonar piedras: “Idem”. ¿Entienden a lo que me refiero?

(!)

2 perplejos apuntes:

Small Blue Thing dijo...

Pero aún lo es más el lema de la otra montaña siguiendo el mismo procedimiento de amontonar piedras: “Idem”. ¿

Coñe, pues así a lo tonto se me ocurre que fue una idea cojonuda. De esa iniciativa no nos olvidaremos jamás :D

hombreperplejo dijo...

Ahí está. Veo que lo has cogido a la primera..