29 sept. 2008

Libros para (no) leer


No hay nada equiparable al placer de leer un libro… quizá releerlo, o regalarlo a un amigo. Los lectores que lo son aman adquirir un libro y engullirlo lo antes posible. Abrir la portada con la misma ilusión que los niños cuando destapan un petit suisse, inspirar el olor de la letra impresa que promete amor, intriga, acción, aventura, conocimiento, ayuda, sonrisa… y sumergirse en la lectura dejándose mecer por las palabras, como el cartero de Pablo Neruda.

Sin embargo, y sin desmerecer en absoluto todo esto, yo abogo hoy por un placer tan estimulante como el otro aunque peor visto: el de comprar libros para no leerlos, o mejor dicho: no para “necesariamente” leerlos.

Puede que muchos piensen que es una estupidez, una sandez propia de necios. ¿Perderse los beneficios emocionales, intelectuales y culturales que los libros propician? Pues sí. Yo apoyo a quienes no compran libros sólo para leerlos, sino porque el hecho mismo de adquirirlos ya les reporta un gozo incomparable. Descubrirlos en el estante de una librería de viejo, bajo un montón de ejemplares apilados en el suelo de los Encants, o en el fondo de una caja en el Mercat de Sant Antoni. Encontrar el tomo que falta en la colección para que ocupe el hueco que siempre le perteneció. Toparse de bruces con una edición distinta de nuestra novela favorita. Hallar el título preciso que reconforta sólo con su Índice un alicaído estado de ánimo. Tropezar con una joya a precio de saldo… y conservarlos como objetos preciados, al igual que los aficionados a la numismática, que compran sellos no para usarlos sino para admirarlos y presumir de ellos.

Hay libros que nos cautivan por su portada, su título (sugerente, gracioso, provocador), su textura o color, su impecable o desvencijada encuadernación… Estos libros producen deleite sólo con olerlos, tocarlos, imaginarnos su contenido y obtenerlos…


Algunos de ellos seguro que aguardan agazapados en la Fira del Llibre d’Ocasió que acoge Barcelona estos días; así que los que puedan dense un paseo, disfruten buscándolos y compren unos cuantos… ¡aunque no los lean jamás!


LAS PERSONAS Y LOS LIBROS EN EL CINE
Introducción
El libro como elemento dramático /1
El libro como elemento dramático /2
El libro como elemento dramático /3
Librerrías y Librerrías más

(!)




3 perplejos apuntes:

Félix dijo...

No hay nada comparable con una librería de viejo o con un puesto como los de la cuesta de Moyano en Madrid. No conozco Valencia, pero te puedo asegurar que no hay una jodida librería de viejo en Huelva.

Curiosidad inoportuna e insoportable: ¿de qué peli es la foto?

hombreperplejo dijo...

¿Ni siquiera una feria del libro de ocasión una vez al año?... Bueno, al menos tenéis esas freidurías que me volvían loco cuando iba por allí (¡viví en Huelva dos años!).

La foto es de "Inkheart".

En Valencia está la mítica "París-Valencia". Si pasas por tierra che no dejes de visitarla, en la calle de atrás de la estación de tren.

Félix dijo...

Gracias por la respuesta.

Ferias del libro de ocasión hay, pero casi siempre con los mismos contenidos: restos de colecciones, ediciones baratas de kiosko, etc. A mí es que los libros usados me vuelven loco. No sé por qué.