14 nov. 2007

Te odio, amor mío / 1


Este era el título de un espectáculo musical en torno a escritos de Dorothy Parker y música de Cole Porter que montó la compañía Dagoll Dagom allá por el año 95. Las relaciones de pareja, especialmente las disfuncionales, tienen mucho jugo. La guerra de los sexos se agudiza en el ámbito del matrimonio.

Estos días se habla de la separación de los Duques de Lugo, que echando mano del eufemismo alegan que “cesan su convivencia matrimonial”. No todos eligen esta bifurcación amigable de caminos. Hay parejas donde la armonía conyugal es sinónimo de crisis. Si no hay puyas, reproches y descalificaciones se muestran incapaces de relacionarse. La frontera entre el amor y el odio es intencionadamente difusa y, lejos de plantearse resolverlo, parece que alimentan y retroalimentan su agreste relación con actitudes que vistas desde fuera parecen pendencieras, agresivas e insultantes. Pero en su particular universo conyugal estas mutuas reprobaciones funcionan como una malsana argamasa que les mantiene juntos aunque no necesariamente unidos.

Si hay en la actualidad una pareja que encarna este perverso “modelo” de relación marital no son otros que Pepa y Avelino, los ilustres tránsfugas de “Escenas de matrimonio” recién incorporados a la ya de por sí atípica y surrealista Familia Mata.

Como ha ocurrido a tantos cómicos de la escena española, Marisa Porcel y Pepe Ruiz alcanzan su reconocimiento profesional tardíamente, pero su éxito no es gloria de un día. Analizando los guiones de Pepa y Avelino uno aventura –y se equivoca- que semejante ristra de improperios no pueden sonar nunca auténticos. Sobre el papel son un ejercicio estilístico, un cruce entre el humor cáustico de House y la negatividad perpetua de Acebes; algo más próximo a la lista de los peores insultos y desprecios de la historia que a un diálogo naturalista. Sin embargo, estos dos notables cómicos encadenan ultrajes y humillaciones como quien juega al ajedrez (¿habrán batido algún Record Guiness?). Y no sólo te descoj… te ríes: encima te los crees. Esto es mérito único suyo; lo que los convierte en genuinos e inimitables.

Decía hace unos días Ferran Monegal en su columna de El Periódico que “a estos dos actores cómicos deberían fabricarles una telecomedia propia. Un sainete para ellos solitos. Me inclino por una revisión de Los Roper (¿recuerdan?), pero en clave de picaresca mesetaria”.

Lo suscribo. Nadie como ellos podría equipararse a aquella otra extraña pareja de británicos que pasaron de simples comparsas en “Un hombre en casa” a tener su propio spin off y hasta un largometraje.


Los que añoramos a Yootha Joyce y Brian Murphy tenemos una deuda con el inventor del dvd. Gracias a este maravilloso ingenio podemos revisar a voluntad las desternillantes peripecias de George y Mildred.

La deuda es también con Thames Television, que produjo la teleserie, así como con Brian Cooke y Johnnie Mortimer, sus creadores. Y por supuesto con SAV, que la ha editado en nuestro país, aunque haya que reprocharle la ausencia de extras en su digipack de la serie completa.

Al hilo de la propuesta de Monegal, me propongo revisar algunas parejas míticas del cine y la televisión que andaban como el perro y el gato, pero seguían juntos:

De Rhett y Scarlett a Basil y Sybil Fawlty, pasando por George y Martha (Wolf) y Mr. & Mrs. Smith. Parejas reales, como Lola Herrera y Daniel Dicenta (en Función de noche) o montajes de cara a la galería, como el de Lina Lamont y Don Lockwood (en Cantando bajo la lluvia). Matrimonios que se dieron una tregua, como Burton y Taylor en La fierecilla domada, o cuya guerra particular les llevó a la tumba, como Los Rose. ¿Se amaban? ¿Se odiaban? ¿Ambas cosas a la vez?

Y es que, como rezaba el título de aquella comedia, a veces, el amor apesta.

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Te odio, amor mío / 2.1

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