A escasos quinientos metros del Auditorio del
Festival de Sitges está el cementerio del pueblo. Sobre el arco de su entrada puede leerse la inscripción “Los muertos resucitarán”, que en clave bíblica para los creyentes equivale a juicio y esperanza, pero en el contexto de un certamen de cine fantástico suena a amenaza y a guiño al subgénero de zombies.
No creo que la leyenda del camposanto forme parte de la estrategia publicitaria del Festival, si bien es cierto que por allí delante pasa la “Zombie Walk”, una marcha popular donde los participantes van caracterizados como muertos vivientes que tiene mucho de festiva y no menos de simbólica.
Ha sido una edición repleta de películas a tono: “[REC] 2” el primer día, “Zombieland” el último; y entre medio un amplio surtido de propuestas, del
survival puro a la comedia
gore hilarante, con sugestivas bifurcaciones al canibalismo, de inquietante sentido metafórico, y, para acabar de rematarlo (es un decir), el estreno del documental “¡Viva la Muerte! Autopsia del cine fantástico español”.
Destacaría una comedia disparatada y un drama psicológico, cuya singularidad es abordar la historia desde el punto de vista de los no-vivos.

“Wasting Away” presenta a un grupo de amiguetes que ignoran que se han convertido en zombies. El concepto “consumirse” al que alude el título guarda un certero y revertido vínculo con “Dorian Gray” (también proyectada en la Sección Oficial), el clásico de Wilde sobre el mito de la putrefacción del alma.
En “Colin” un joven vaga errante por las calles de su lívida ciudad reinterpretando, a la luz de su nueva condición de muerto viviente, la brutal y atroz realidad, donde los aún vivos son los malvados, los sanguinarios, los no-humanos. Interesantísimas reflexiones, con múltiples lecturas; todas ellas de salvaje contemporaneidad. Cuesta poco identificar en ellas a sujetos y comportamientos que salen a diario en los medios de comunicación.
¿Será por esto que el fenómeno zombie se ha extendido como un virus a la televisión, Internet, el cómic, los videojuegos y la ficción literaria? ¿Moda pasajera o perverso retrato de una sociedad cada día más
zombieficada?
Continuará…