Eso que llaman Justicia se está cubriendo de gloria: Carcaño,
Camps, Garzón, PIPA, Pepe. Decía Noel Clarasó que la Ley es aquel sistema que protege a quien puede pagar un buen abogado, y que un Jurado es un grupo de personas que se reúnen para decidir cuál de los abogados es el mejor.
El género judicial me fascina desde que quedé impactado por
Doce hombres sin piedad. Tanto me atrapan estas historias que, viendo en casa
Yo confieso, en la escena del clímax, cuando el alguacil pide a todos que se pongan en pie para recibir al juez, yo mismo me levanté de la silla de forma automática e inconsciente, provocando el cachondeo en mi familia.
Mi parte favorita es el alegato final, aquel discurso cargado de argumentos y emoción en el que los letrados devienen lúcidos "mercaderes de frases y fabricantes de paradojas". Últimamente
disfruto con los de Kathy Bates en Harry's Law, serie escrita por David Kelley (abogado antes que guionista). La recomiendo no sólo a los simpatizantes de las series judiciales, sino a quien desee encontrar análisis profundos sobre los grandes temas contemporáneos. A través de los casos que acepta Harry, la mayoría de ellos imposibles, indefendibles, perdidos, Kalley reflexiona seria y comprometidamente sobre
los nuevos males de la sociedad.
Por su culpa, me he acostumbrado a que el abogado defensor, a pesar de tener todo en contra, es capaz de dar la vuelta a la tortilla y demostrar la inocencia de su defendido. Lo contrario no suele ocurrir, pues en el cine la Justicia siempre prevalece. En las películas, los "malos", los auténticos culpables, no se salen con la suya; y, si esto ocurre -a veces-, se produce algún tipo de justicia poética que viene a corregir el error de la de los tribunales. Hollywood funciona así. La vida real no.
Por esto, hoy muchas voces claman -no sin razón- que la Justicia en España ha sido sustituida por la justicia española, o "a la española", donde la legalidad -apuntaba Daniel Darc- es la salvaguardia de los bribones. El sentido de la Justicia ha sido arrollado por los sentidos de la Justicia. Sentidos de los que, por cierto, adolece; pues, además de ciega, ahora hace oídos sordos, no tiene tacto, huele mal y regala sentencias que dejan mal sabor de boca.