
La crisis aprieta. Las empresas cierran. Los autónomos se quedan sin actividad. El Estado se endeuda. Las cajas y los bancos pierd… dejan de ganar tanto dinero como antes (o no).
El caso es que hay que buscarse la vida, y una de las opciones pasa por encontrar alianzas, fusionarse, hacer piña con otros y reforzarse mutuamente. Lo hacen las empresas, lo hacen las familias, lo hacen los estados, lo hacen las cadenas de televisión, las grandes superficies, las productoras cinematográficas, las aerolíneas; incluso –quién lo diría- las cajas y los bancos: dos en uno, tres en uno… lo que haga falta. Todos lo hacen. ¿Todos? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles personajes resiste todavía y siempre a la invasora globalización. Se trata de ciertos músicos/artistas “consagrados”.

Se quejan como el que más de que son tiempos de vacas flacas. Culpan de ello a la crisis económica, pero también a la piratería. Les salen pocos bolos, venden menos discos, hacen videoclips más baratos… Las están pasando canutas; más o menos como el resto de la población. Pero, a pesar de la poción mágica que les suministra su druida Sgaenamix, o quizá por ello, no contemplan la unión de fuerzas como alternativa.
Porque, por encima de personas humanas (como todos) y de contribuyentes que pagan sus impuestos (como casi todos), son otra cosa: artistas. Y los artistas no pactan con otros artistas, no disuelven su arte con el de otros. Aceptan pequeñas colaboraciones, featurings, duets, wearetheworlds... Pero como anécdota, anexo de excelencia o ejercicio puntual de solidaridad; no como camino para evolucionar o, en el caso extremo que nos ocupa, subsistir. Prefieren reinventarse a sí mismos que compartir la gloria. O algo menos comprometido: sacar un álbum recopilatorio, que en el fondo no es mas que una reivindicación de aquello que les impide globalizarse: su vanidad.

En el extremo opuesto, poderosas corporaciones renuncian a su identidad particular fundiéndose con otras para satisfacer la avaricia de sus accionistas. En ambos casos el “pecado” es capital, en la amplia extensión de la expresión.
© !)
*Las imágenes son de Jean Francois De Witte
El caso es que hay que buscarse la vida, y una de las opciones pasa por encontrar alianzas, fusionarse, hacer piña con otros y reforzarse mutuamente. Lo hacen las empresas, lo hacen las familias, lo hacen los estados, lo hacen las cadenas de televisión, las grandes superficies, las productoras cinematográficas, las aerolíneas; incluso –quién lo diría- las cajas y los bancos: dos en uno, tres en uno… lo que haga falta. Todos lo hacen. ¿Todos? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles personajes resiste todavía y siempre a la invasora globalización. Se trata de ciertos músicos/artistas “consagrados”.

Se quejan como el que más de que son tiempos de vacas flacas. Culpan de ello a la crisis económica, pero también a la piratería. Les salen pocos bolos, venden menos discos, hacen videoclips más baratos… Las están pasando canutas; más o menos como el resto de la población. Pero, a pesar de la poción mágica que les suministra su druida Sgaenamix, o quizá por ello, no contemplan la unión de fuerzas como alternativa.
Porque, por encima de personas humanas (como todos) y de contribuyentes que pagan sus impuestos (como casi todos), son otra cosa: artistas. Y los artistas no pactan con otros artistas, no disuelven su arte con el de otros. Aceptan pequeñas colaboraciones, featurings, duets, wearetheworlds... Pero como anécdota, anexo de excelencia o ejercicio puntual de solidaridad; no como camino para evolucionar o, en el caso extremo que nos ocupa, subsistir. Prefieren reinventarse a sí mismos que compartir la gloria. O algo menos comprometido: sacar un álbum recopilatorio, que en el fondo no es mas que una reivindicación de aquello que les impide globalizarse: su vanidad.

En el extremo opuesto, poderosas corporaciones renuncian a su identidad particular fundiéndose con otras para satisfacer la avaricia de sus accionistas. En ambos casos el “pecado” es capital, en la amplia extensión de la expresión.
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*Las imágenes son de Jean Francois De Witte
















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