26 jun. 2008

Los poderes del agua / 1

Este artículo forma parte del monográfico: CINE Y AGUA


En la franquicia X-Men Halle Berry (Tormenta) tiene el don de controlar la climatología. El suyo es un poder que ya quisieran para ellos algunos malvados del celuloide, como Sir August De Wynter (Sean Connery) en “Los vengadores”. El ex James Bond volvió a protagonizar un título apócrifo de la saga al que llamaron burlonamente “Nunca digas nunca jamás” como guiño al actor que había dicho “de esta agua no beberé”… Tampoco llueve siempre a gusto de todos, pero intentaremos en la medida de lo posible no naufragar en la siguiente aproximación al agua como elemento poderoso en lo cinematográfico. He aquí algunas de sus variantes:


I. CAPACIDAD NEGATIVA


El investigador privado Jake Gittes descubre un plan fraudulento para adquirir terrenos económicos de secano, llevar agua y revenderlos a un alto precio. El plan está orquestado nada menos que por el padre de la mujer que le ha contratado para demostrar la infidelidad de su esposo adúltero. Esta es la trama de “Chinatown” y el sabueso (Jack Nicholson) recibe un castigo por meter la nariz donde no debía…


Poder intimidatorio

Los que recurren a la tortura para sacar información (pertenezcan al bando de los protagonistas o de los antagonistas) conocen bien el Principio de Arquímedes, aquel que concluye que un cuerpo parcial o totalmente sumergido en un fluido experimenta un empuje hacia la confesión igual a la cantidad de líquido ingerido. Dan fe de ello muchos personajes secundarios y más de un protagonista waterproof (como los rotuladores): Geena Davis en “Memoria letal”, Ewan MacGregor en “Trainspotting”, Glenn Close en “Atracción fatal”...

Muchos tipos duros han probado el poder disuasorio del chorro de agua a presión, como Tim Robbins en “Cadena perpetua” o Sylvester Stallone en “Acorralado”, quien también experimentó en propia carne el fenómeno físico de la conductividad eléctrica, al igual que su colega Kurt Rusell en “Tango & Cash” o Mel Gibson en “Arma letal”… Alguno no pudo superarlo (Tobey Maguire en “La tormenta de hielo”) y otros -a su pesar- sí (Bill Murray en “Atrapado en el tiempo”).

El agua amedrenta al más rudo pistolero cuando se trata de darse un baño, y también al irredento bebedor de whisky (a menudo, la misma persona). Los que no saben nadar le tienen miedo (“Dos hombres y un destino”); los que padecen hidrofobia también (“A quién ama Gilbert Grappe?). Y el poder de sugestión del cine hace que, por culpa de Hitchcock, miremos con recelo hasta la ducha; sobre todo algunos:
–Homer, ¿dónde estás?
–Estoy en un sitio en el que no sé dónde estoy...
–¿Ves toallas? Si las ves, te has metido en el armario de la ropa blanca.
–No, es un sitio en el que no había estado nunca.
–¡Ah, la ducha!

Los Simpson, escrito por Matt Groening y otros

Pero cuando más impresiona el agua es en mar abierto. La angustia de los buceadores abandonados a su suerte en “Open Water”, el pánico ante la aleta emergente de un tiburón, la alarma cuando la presión a baja profundidad cruje los vidrios (“Deep Blue Sea”) o revienta los remaches (“El submarino”), el acuoso infierno de la tormenta en alta mar (“Rebelión a bordo”), el trasatlántico de lujo que se hunde sin remedio en las aguas heladas (“Titanic”)…


–Hay algo que puede aprenderse de una tormenta. Al encontrarte con un chaparrón repentino intentas no mojarte y te pones a correr; aunque corras por debajo de las cornisas de las casas sigues mojándote. Si lo tienes claro desde el principio, no habrá sorpresas... aunque te mojarás igual. Este concepto se puede aplicar a todas las cosas.

Ghost Dog, el camino del samurai, escrito por Jim Jarmusch

SIGUE EN: Los poderes del agua / 2


CINE Y AGUA
poderes del agua en el cine 1, 2, 3, 4
el agua como elemento dramático: Pis-cines
cine y lluvia
cine y paraguas
cine y nubes

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