SI algo confirmaron estos comicios en Catalunya es que la ley electoral que padecemos es obsoleta. Sólo se entiende una “jornada de reflexión” desde el romanticismo cursilón: ¿un día de silencio partidirigido para que los electores tomen conciencia del valor de su voto y lo ejerzan con responsabilidad? ¿Quién lo hace?
NO nos engañemos: existen, básicamente, tres tipos de votantes: los que ya tiene decidido su voto antes de empezar la campaña; los que, legítimamente, eligen no votar, y los que se mantienen vacilantes hasta el último momento, cuando actúan por impulso emocional o subidón de adrenalina.
SÍ, la reflexión, que es buena y necesaria para casi todo, deviene aquí imposición de una normativa con más sombras que luces; que ha dado pie a las otras ridiculeces de la campaña: el cara a cara trilero e interruptus, el cronómetro que “equilibra” los espacios de propaganda electoral, el veto a las propuestas alternativas al sistema de partidos...
NO he visto en los debates ni a Nebreda, ni a Laporta, ni a Carretero, ni a ningún otro postulante a entrar en el Parlament. Una vez más, han sido ignorados −a su pesar, me consta− por los medios de comunicación. La ley es la ley.
SÍ, vuelve a constatarse que los políticos que dicen ser nuestros y sólo son de sus ideologías partidistas, no tienen nada nuevo que decir, no se salen del guión de las campañas al uso, ni del argot electoralista tan rancio como la ley que se niegan a reformar porque les permite hacer del servicio público una carrera política.
NO me han gustado los eslóganes porque no me dicen nada: Una Catalunya millor y Solucions a la crisis son genéricas e inconcretas. Yo leo Garantía de progres (bastante obvio, tratándose de socialistas). Solucions d’esquerres, viniendo de quien ha estado en el Govern y no las ha encontrado, me da risa. Al Rebélate de Rivera le falta la sugerente dualidad de la “b” y la “v”. Y si con Gent valenta Puigcercós se refiere a los que se atreven a decir las barbaridades que él ha dicho, sobran las palabras.
SÍ, todos los candidatos sonríen en los carteles, pero qué interesante sería fichar a un experto en lenguaje no verbal, como el Carl Lightman (Tim Roth) de Miénteme para que nos contase qué subliminales mensajes transmiten sus mohines... Aunque, igual, la ley electoral también prohíbe hacer ese análisis.
NO nos engañemos: existen, básicamente, tres tipos de votantes: los que ya tiene decidido su voto antes de empezar la campaña; los que, legítimamente, eligen no votar, y los que se mantienen vacilantes hasta el último momento, cuando actúan por impulso emocional o subidón de adrenalina.
SÍ, la reflexión, que es buena y necesaria para casi todo, deviene aquí imposición de una normativa con más sombras que luces; que ha dado pie a las otras ridiculeces de la campaña: el cara a cara trilero e interruptus, el cronómetro que “equilibra” los espacios de propaganda electoral, el veto a las propuestas alternativas al sistema de partidos...
NO he visto en los debates ni a Nebreda, ni a Laporta, ni a Carretero, ni a ningún otro postulante a entrar en el Parlament. Una vez más, han sido ignorados −a su pesar, me consta− por los medios de comunicación. La ley es la ley.
SÍ, vuelve a constatarse que los políticos que dicen ser nuestros y sólo son de sus ideologías partidistas, no tienen nada nuevo que decir, no se salen del guión de las campañas al uso, ni del argot electoralista tan rancio como la ley que se niegan a reformar porque les permite hacer del servicio público una carrera política.
NO me han gustado los eslóganes porque no me dicen nada: Una Catalunya millor y Solucions a la crisis son genéricas e inconcretas. Yo leo Garantía de progres (bastante obvio, tratándose de socialistas). Solucions d’esquerres, viniendo de quien ha estado en el Govern y no las ha encontrado, me da risa. Al Rebélate de Rivera le falta la sugerente dualidad de la “b” y la “v”. Y si con Gent valenta Puigcercós se refiere a los que se atreven a decir las barbaridades que él ha dicho, sobran las palabras.
SÍ, todos los candidatos sonríen en los carteles, pero qué interesante sería fichar a un experto en lenguaje no verbal, como el Carl Lightman (Tim Roth) de Miénteme para que nos contase qué subliminales mensajes transmiten sus mohines... Aunque, igual, la ley electoral también prohíbe hacer ese análisis.




























