Los chicos de solocomedia.com se presentan al amparo de parodias carteleras de films emblemáticos de todos los tiempos. La coña va implícita; y se agradece que técnicamente estén bastante elaborados.
De Gran Bretaña nos vienen cada año unas cuantas muestras de que, en otra cosa quizá no, pero haciendo televisión son unos maestros. A mí me han robado el corazón con esa Joya de la Corona que es "Downton Abbey". Lo que pagaría por una master class con Julian Fellowes, el creador de esta serie que lleva dos temporadas y de la que espero impaciente el capítulo especial de Navidad. Otro día le dedico un post, lo prometo; pero hoy quiero reservar unas líneas para comentar otro producto con un formato completamente distinto.
Cuando los ingleses se ponen a hacer comedia les sale algo que aquí brilla por su ausencia: la mala baba. Y es en base a ese ingrediente tan british que se construye la última travesura de Ricky Gervais y Stephen Merchant, una de esas parejas de creadores lúcida e irreverente, como la de David Wallians y Matt Lucas (Little Britain).
"Life's too short" (BBC), que ya muestra su carácter iconoclasta en el título, es una suerte de falso (¿o quizá no tan falso?) documental sobre el día a día de Warwick Davis, al que todos recordarán como "el enano de Willow" y el ewok de "La Guerra de las Galaxias", aunque allí ni siquiera se le veía la cara. En esta paradójica premisa se funda el formato: Warwick Davis se cree una estrella del celuloide, pero, en realidad, nadie sabe quién es. Además de esta baja popularidad, están sus compañeros de profesión (entre ellos Gervais-Merchant), quienes le consideran un plasta y no saben cómo quitárselo de encima.
No sólo Davis-Gervais-Merchant (co-creadores) hacen de sí mismos; también aparecen otras estrellas como Liam Neeson, Sting, Helena Bonham-Carter, Johnny Deep... siempre interactuando con Warwick y parodiándose a sí mismos. No tiene desperdicio la obsesión de Neeson por hacer papeles cómicos -y listas !)-, y resulta doblemente hilarante ver a Johnny Deep sacándose la espina de las puyas de Gervais en los Globos de Oro, contraatacando con oneliners creados por él mismo y sus amigos de Hollywood.
Pero lo mejor de la función es el propio Davis, cuyo orgullo y autoestima son continuamente (auto)dinamitados por su incontrolada capacidad para meter la pata. Conviven en él un personaje hipócrita, egoísta, frío, vanidoso y, al mismo tiempo, gafe, irónico y desvalido por el que es imposible no sentir ternura... mientras te partes de risa con sus desgraciadas y humillantes aventuras, of course !) Warwick Davis -y el rictus de su cara cuando la desdicha se cierne sobre él- es el Coyote del siglo XXI.
Estos chicos de la Selección han logrado que el país hable cada vez menos de fútbol, tenis o baloncesto y más de valores, amistad y cohesión. Sus triunfos deportivos son contundentes y brillantes; pero las tertulias radiofónicas y los artículos periodísticos van más allá: Se dice que son una generación única, seguramente irrepetible, y que somos afortunados por ser testigos de ello. Pero la fortaleza mental de Rafa Nadal, las cualidades únicas de Gasol, la creatividad de Xavi o la puntería de "la bomba" Navarro pasan a un segundo plano porque ahora toca hablar de que estos equipos son un modelo de unidad en la diversidad.
Algún filósofo del fútbol incluso ha dicho que, como han conseguido esa alianza "imposible" entre catalanes, madrileños, vascos y andaluces, son ellos (y no la clase política) los que nos representan de verdad a los españoles, los que nos hacen sentir orgullo nacional genuino.
Se dice también que, además de grandiosos deportistas, son excelentes personas y que en su calidad humana radica el secreto de su éxito. Su llaneza, su humildad y su generosidad los eleva a la categoría de únicos y excepcionales.
Y escuchando todo esto da la impresión de que sea fruto del azar; como si hubiera de agradecerse a un capricho del destino o a una conjunción astral el regalo de que estos muchachos sean como son y hayan coincidido en el tiempo y en el espacio para darnos tantas satisfacciones.
Parece como si estos valores que poseen, y que los convierte en modelos para las nuevas generaciones, fuesen una suerte de herencia genética. Pero si estos chicos son así es porque han sido educados y formados con fundamento. Los referentes que tuvieron en su infancia y en su adolescencia pulieron y definieron este carácter de campeones de la excelencia integral, más allá de las medallas y los trofeos efímeros. Son sus padres, sus profesores, sus entrenadores los responsables últimos (o acaso primeros) de este gozo nacional.
De manera que, si nuestro agradecimiento es sincero, ya estamos tardando en montar un macro homenaje a las familias y los maestros de estos buenos chicos por (de)mostrarnos que este camino es posible y que vale la pena esforzarse.
Me entusiasma lo que está consiguiendo la Selección española de fútbol en lo deportivo; pero mucho más admiro otros valores añadidos de este grupo singular e irrepetible (incluyo a técnicos y gestores). Lo último: un spot para presentar la nueva camiseta que es mucho más que un mensaje comercial del patrocinador. Es, de hecho, la confirmación de una identidad, de una marca genuina basada en la humildad y el esfuerzo.
¿Se imaginan a nuestros electoralistos políticos haciendo una campaña idéntica? El eslogan, desde luego, lo adoptarían de inmediato: "El pasado no cuenta". Pero me temo que sería lo único.
Nos preguntábamos hace unos días si Clint Eastwood sería capaz de renunciar a su inmutable rostro hierático de tipo duro y sonreír en el cartel de alguna de sus películas. He aquí el resultado de nuestra investigación:
Aunque aparece así de risueño en "Primavera en otoño", tenemos que descartar el hallazgo, pues se trata de un apaño del diseñador para incluir a Eastwood como reclamo, ya que es sólo el director de la película. No podemos validarlo porque, al no intervenir como actor, la fotografía elegida no guarda relación alguna con el film.
Observamos que Clint se resiste a sonreir incluso cuando sus compañeros de reparto sí lo hacen, mostrándonos, en contraste, una amplia variedad de registros: socarrona, simpática, expresiva, insinuante...
Ni siquiera al hacerse con un extraordinario botín Eastwood parece contento; todo lo contrario que Jeff Bridges. En este caso, la sonrisa del bueno de Jeff también podría interpretarse como la de un compinche que flipa porque su colega no es capaz de sonreír ni ante medio millón de dólares...
El cartel más representativo de esta resistencia tenaz es el de "Los héroes de Kelly". Todos los componentes de la banda expresan una alegría desbordada. ¿Todos? No. ¿Adivinan con quién parece no ir la cosa?
Por fin hallamos ese cartel donde Clint nos muestra que sí sabe reír. Es en "Space Cowboys", pero debemos clasificarlo como "gazapo" ya que la distribuidora pronto "corrigió el error" y repartió otro afiche distinto donde Eastwood recupera su auténtico rostro. Es significativa la tagline del primer póster: "El espacio nunca será lo mismo". Claro, si Clint Eastwood ha sido capaz de sentar semejante precedente, las consecuencias pueden ser brutales. Por tal motivo, observad que la frase ha sido retirada en la nueva versión.
No nos dimos por vencidos hasta encontrarla: queda patente en un póster de "Bronco Billy" (quizá por aquello del circo). Pero hemos tenido que escarbar mucho, ya que, de todas las versiones existentes, sólo la japonesa (y al parecer la australiana) se atreve con la osadía de mostrar al mundo la sonrisa oculta de Clint Eastwood.
Me han regalado un cd de Adam Rafferty que es una maravilla. Rafferty es un músico virtuoso de la guitarra, en la modalidad fingerstyle, una sofisticada técnica que se basa en el punteo de las cuerdas directamente con los dedos para generar todo tipo de acordes, arpegios, armónicos y percusiones.
I remember Michael, su último trabajo, es un homenaje a Michael Jackson y ha sido lanzado coincidiendo con el primer aniversario de su muerte. Se compone de una quincena de temas arreglados específicamente para una sola guitarra por el propio Adam.
Desde el primer momento entras de lleno a disfrutar de las bellas I want you back, Rock with you, Thriller, Billie Jean, The way you make me feel, She's out of my life, I'll be there... Tal es el talento del guitarrista que consigue transportarte al mundo de Jacko sin que te des cuenta de que no hay allí ni una orquesta ni siquiera un grupo de excelentes músicos interpretando: tan sólo Rafferty y su guitarra.
Nacido y criado en Harlem, este neoyorkino de piel blanca se ha pasado media vida en esquinas y estaciones de metro ofreciendo al mundo sus versiones de clásicos de The Beatles, Stevie Wonder y Bill Withers. Ha grabado media docena de discos y ahora se gana bastante bien las lentejas dando clases de funky fingerstyle, del que es uno de los mejores especialistas, junto a Andy Mckee, Ben Powell o Raúl Midon. Este fin de semana subiré algunas muestras...
Admiración y envidia son seguramente los dos conceptos que me vienen a la cabeza cuando les escucho, pero últimamente se les ha añadido un tercero: anhelo. ¿De qué? De que el país produzca pronto todo tipo de "fingerstilistas" capaces de crear armonías que parezcan tocadas por una orquesta con la utilización de una simple guitarra. Son tiempos de escaseces y necesitamos virtuosos que con pocos elementos y muchísimo talento, consigan lo imposible.
Hoy ha arrancado la campaña electoral y, a la luz de sus discursos hasta la fecha, me temo que los cabeza de lista no responden a este perfil; sin embargo "anhelo" que sepan elegir a algunos virtuosos -caso de que los haya- para hacer el trabajo (ingente y complejo trabajo) que queda pendiente. Los necesitamos en la política básicamente, pero también en la educación, la sanidad, el mercado laboral, la economía... No, en esta última no; ya hay bastantes "virtuosos" en ella y sabemos de sobras cómo se las gastan ellos y sus largos dedos.
Escribo desde pequeño. Primero fueron relatos en el cole; luego cartas en la mili; después guiones de cine y tv, combinándolo con trabajos periodísticos y literarios. Y ahora un weblog.