13 mar. 2009

Acusados


Sigo pasmado por la forma en que las series nacionales reflejan cual espejo la realidad del país. El título de la que hoy nos ocupa es particularmente oportuno. No sólo la lista de parados crece estos días a ritmo vertiginoso; le ocurre otro tanto a la de imputados, incriminados, inculpados y encausados. Los juzgados se colapsan, los diarios no dan abasto y los abogados emulan a Supertramp: "¿Crisis? ¿Qué crisis?"

Pero la serie de Telecinco conecta con “el alma” de este país en algo mucho más profundo: la inaudita simpatía de los españoles por los bribones de turno.

Aquí los rufianes caen bien, los ladrones de furgones blindados graban discos, los alcaldes corruptos venden portadas a la prensa rosa o cobran fortunas por intrascendentes entrevistas; a las mentirosas de oficio se les pasa por alto sus calumnias y a los delincuentes de postín se les piden autógrafos en cuanto obtienen en tercer grado.

Vamos: que nos ponen más los malos que los buenos.

Así le ocurre a Joaquín de la Torre (Jose Coronado), el “malvado” de la serie “Acusados”. Según la jueza Ballester (Blanca Portillo) es el responsable del intrigante incendio en una discoteca que causó víctimas mortales. La magistrada vive obsesionada con imputarlo, cueste lo que cueste. Y el precio incluye chantaje a otro juez, amenazas a policías, falsificación de pruebas, incumplimiento de promesas, extorsión y demás acciones ilegales por parte de quien representa a la Justicia.

Al empresario, en cambio, nos lo muestran como un tipo hogareño, luchando para salvar su debilitado matrimonio, que rechaza el juego sucio contra su adversario político, que protege a su hijo de los peligros y trampas de la política… En fin: un caballero con cierto halo siniestro pero al que no le vemos delinquir.


Como además no existe prueba alguna que fundamente la hipótesis de la jueza, se insinúa que tras su empecinamiento por imputarle subyace una venganza personal. Resultado: la batalla entre el Bien y el Mal es desigual y el desequilibro juega a favor del supuesto criminal. ¿Les suena?


OTRAS SERIES QUE SON EL REFLEJO DEL ALMA (DEL PAÍS):

    4 perplejos apuntes:

    Patty di Fussa dijo...

    Pues después de este post, me viene a la mente el caso Farruquito, recordais? Cuanta expectación se le dio, como era famosillo parecía hasta que "pobrecillo" lo que le había pasado, me pregunto cuanta pasta sacó. Que si se casaba o no, que si se iba a la carcel después de la boda, además primero inculpó a un familiar suyo para librarse él, muy fuerte.
    Por supuesto, también vienen a mi mente todos estos que hacen su trabajo FATAL, tanto que llevan casi a la quiebra a grandes empresas y encima les dan unas indemnizaciones millonarias... no lo entiendo, te incentivan cuando trabajas peor que mal, es como si estuviera viviendo en otro planeta...

    Soldado Raso dijo...

    Me trae a la cabeza lo del "chico" ese que golpeó a una chica en el metro. 1. Fardaba al teléfono diciendo que le pegaba. 2. Al cogerlo dijo algo así como que "esa gente..." 3. Ahora dijo que estaba borracho y drogado. 4. Se acaba el juicio y denuncia a la chica porque le provocó y le ha llevado a todo este lío.
    ¿Dónde vamos a llegar? Nuestros sistemas se vuelven contra nosotros mismos, un cambio muy fuerte se nos avecina...
    Y esperemos que en la TV y en el cine también.

    Por cierto, os recomiendo la última de Antonio Banderas y Morgan Freeman, The Code, si teneís que hacer un curso sobre cine o guión. Cada frase, cada secuencia, cada mirada de los actores, la sucesión de la historia, el trabajo con los personajes y cada nota de su banda sonora sirve para enseñar lo que NO debe hacerse nunca.

    Palabro: comead
    Película: Comeads en el cielo

    (!) hombre perplejo dijo...

    Patty: Lo de premiar al mediocre es también muy hispano, se trate de ejecutivos con contratos blindados o concursantes de televisión.

    (!) hombre perplejo dijo...

    Soldado: Este chico del que hablas no se ha ganado las simpatías del pueblo; más bien lo contrario. Este es un país pendular, donde los contrastes son extremistas: desde aplausos a alcaldes corruptos a linchamientos públicos. Se empatiza con algunos delincuentes y se pide la pena de muerte para otros.