8 jul. 2010

Funerales personalizados


Cuando los reality-shows irrumpieron en televisión un colega me habló de un formato que intentaba vender a alguna cadena. Era una especie de fusión entre las bromas con cámara oculta y aquel concurso de parejas con Mayra Gómez Kemp, donde al final los ganadores contraían matrimonio delante de las cámaras. Sólo que en vez de bodas se trataba de organizar sepelios.

“Réquiem” partía de una insólita premisa: ¿a quién no le gustaría asistir a su propio funeral? El programa seleccionaba candidatos y les montaba un entierro personalizado sin reparar en gastos. Los actos funerarios debían ser originales y creativos, y el seguimiento de los mismos se grababa con todo lujo de detalles.

La “gracia” del asunto era que el “difunto” podía disfrutar del último adiós a los suyos, no sólo porque lo había diseñado al detalle sino porque no estaba muerto. Cabían desde el velatorio festivo, donde todos disfrutaban sabiendo de qué iba el tema, hasta la ceremonia-trampa, donde se hacía creer a algunos invitados que el deceso era real para estudiar sus reacciones.

Jamás consiguió vender su idea; por arriesgada y moralmente cuestionable, y porque los guionistas rara vez colocan un proyecto propio en televisión. Pero él estaba convencido de que podía funcionar: Ramón Sampedro se había quitado la vida ante una cámara de vídeo y, aunque su intención era que la grabación constituyese una prueba fehaciente de suicidio, estaba innovando en televisión. Prueba de ello es que, desde entonces, no han sido pocas las veces que alguna cadena ha pretendido “comprar eutanasias” para transmitirlas en directo. Suena tremendo; y lo es.


¿Por qué la televisión del siglo XXI, obsesionada con amplificar el lado oscuro de la condición humana por medio de los realitys, ha sido tan “prudente” a la hora de abordar la muerte, evitando frivolizar sobre ella?

Hace poco se estrenó otro formato cuyo objetivo oficial era montar la boda a la pareja ganadora del concurso; pero resultaba (demasiado) obvio que la intención real era provocar la ruptura de las parejas durante el proceso. Suena maquiavélico; y lo es. En cambio, los funerales personalizados, aun sonando a asunto macabro, procuran un “final gozoso”, un concepto televisivo que murió con el malogrado Michael Landon y al que ni siquiera se le dio un funeral digno.

Las ilustraciones son de Mensaman

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    1 perplejos apuntes:

    serreina dijo...

    Que no se entere Telecinco, que si no ya esta montado el velatorio a la Esteban y demás corral que tienen entre sus filas.

    Y por supuesto es algo que jamás vería.

    Saludos