19 jul. 2009

Entierros

© David Gilson
Estas últimas semanas han muerto muchas personas, pero el nombre de dos de ellas ha trascendido por el poder mediático de los fallecidos, considerados iconos de la cultura pop del siglo XX.

En ambos casos las familias querían celebrar funerales privados, en la intimidad, lejos de los flashes y los tumultos que en su día Farrah y Michael provocaban entre la prensa y su fans.

Pero como las estrellas brillan más allá de su extinción, el rey del pop tuvo el funeral mediático y televisado más visto de la historia. A fecha de hoy sigue la incógnita sobre el lugar donde Jackson será enterrado, aunque todo apunta que podría ser en “Neverland”, la extravagante residencia del artista. Y aquel lugar -que no hace mucho iba a ser subastado por la morosidad de su dueño- se convertirá entonces en uno de los reclamos turísticos del país, como ya lo es desde hace décadas “Graceland”, donde yacen los restos de Elvis Presley.

© Pedro X. MolinaPor lo que respecta al “ángel” más famoso de la televisión, con permiso de Michael Landon, no es probable que se haga una explotación similar de su tumba. Pero quizá sí se produzca una oportunista reemisión por televisión (o una edición de lujo en dvd) del polémico documental sobre la terrible lucha que Farrah Fawcett libró contra el cáncer, y con el que la NBC consiguió audiencias millonarias.

Ya sean panteones de estrellas del cine y de la música o pirámides faraónicas, los mausoleos de quienes fueron famosos en vida poseen cierto magnetismo sobre el resto de los mortales. De esta singular atracción por los célebres sepulcros sacan partido quienes pueden fiscalizar las visitas vendiendo tickets y rentabilizan la muerte ajena a mayor gloria del merchandising.

Pero ¿qué sentido tienen los cementerios para nosotros, los que no somos ni seremos nunca especuladores de nichos y lápidas? A menudo me pregunto por qué enterramos a los que ya se fueron y los mantenemos ahí, en esas urbanizaciones de mármol y cemento.

Si para los agnósticos la muerte es el fin de todo y los creyentes creen a ciencia cierta que lo que allí reposa no son ya sus seres queridos, ¿por qué seguimos salvaguardando un espacio para ubicar (y custodiar) aquello que ya no es como si siguiera siéndolo?


─Arturo, tu luchas por un mundo que nunca existirá, jamás. Siempre habrá un campo de batalla. Yo moriré en combate; estoy seguro. Espero que sea un combate de mi elección; pero si se tratara de éste hazme un favor: no me entierres en este aciago cementerio. Quémame, quémame y lanza mis cenizas a un fuerte viento de levante.

Escrito por: David Franzoni

    2 perplejos apuntes:

    Laia... dijo...

    Seguramente, para tener un lugar al que no volver, porque no hace más que recordarte ausencias que en tu vida diaria consigues ignorar...

    (!) hombre perplejo dijo...

    Laia: Luego estás de acuerdo que no sólo no es necesario sino que afecta negativamente a nuestro devenir como seres huanos...