23 jul. 2008

Polémico final de “Los Serrano”


Hace como unos veinte años, las televisiones autonómicas programaron una serie de larga duración que en TV3 obtuvo un gran éxito y se tituló “A cor obert” (“A corazón abierto”). En el resto la conocieron como “Hospital General” -o algo así-. Narraba las vicisitudes del personal del Saint Eligius, hospital ficticiamente ubicado en la ciudad de Boston. Y digo ficticiamente con conocimiento de causa, pues aproveché un viaje a EE.UU. para visitarlo y me fue imposible localizarlo; aunque, como compensación, obtuve las oportunas instantáneas en el pub que inspiró la mítica “Cheer’s”…

Volviendo al asunto, la teleserie que originalmente se titulaba “St. Elsewhere” sirvió de trampolín para una camada de jóvenes intérpretes hoy consolidados, como Denzel Washington, David Morse o Mark Harmon. Además, el jazzman Dave Grusin compuso una de sus partituras más redondas para el tema de su cabecera.

El caso es que tras muchas temporadas en antena, los guionistas decidieron concluir la andadura de “St. Elsewhere” con un guiño a “Ciudadano Kane”. Al abrirse el plano sobre la imagen final del hospital nevado descubríamos que el edificio no era sino una miniatura alojada en una de esas bolas de cristal que, al sacudirlas, producen un efecto de nieve. El objeto está en manos de un niño autista, que lo sacude mecánicamente mientras su padre y su abuelo comentan que el chico no mejora de su enfermedad y se preguntan qué extrañas historias pasarán por su cabeza, de lo que se deduce que todas las tramas y subtramas de la serie sólo han existido en la mente autista del muchacho.


La semana pasada se emitió el último capítulo de otra exitosa serie; ésta de factura nacional: “Los Serrano”. Los artífices argumentales de la misma –quien sabe si considerando “A cor obert”, “El mago de Oz” o cualquier otro referente similar- decidieron “empaquetar” sus ocho exitosas temporadas en un sueño del protagonista (Antonio Resines).

Ya que estamos en capilla olímpica avengámonos a decir que toda serie que se precie necesita un deslumbrante castillo de fuegos artificiales a modo de clausura; a no ser que los creadores estén molestos con la cadena porque les cancela la emisión y decidan acabarla como les salga de las escaletas… (Conozco algunos casos de primera mano.) Un último capítulo suele ser el momento de echar todo la carne en el asador, de elevar la propuesta argumental a un clímax exultante, de despedirse a lo grande.

Hace unas semanas “La señora” ofrecía un ejemplo magnífico de cómo concluir una temporada como se suele decir “en tó lo alto”: tensión in crescendo, sorpresas, puntos de giro, revelaciones…

El último capítulo de “Los Serrano” optó por el caos planificado y, de paso, rindió otro homenaje cinéfilo, al menos en el título del capítulo ("Desmontando a Diego"). Una serie de infortunios acumulados que afectan a su entorno íntimo (familia, amigos…) llevan al protagonista, el tabernero Diego Serrano, a la desesperación y a quitarse la vida. Trágico –e inesperado final- para algo que siempre se ha vendido como propuesta “de humor”; castizo, edulcorado, melodramatizado, pero humor. Obviamente no podía ser esto más que una maniobra para sacudir a la audiencia (y de paso a los audímetros). Los guionistas jugaron (más que nunca) a ser dioses, haciendo despertar al protagonista en un ámbito confuso (¿el Cielo?), donde se reencuentra con su esposa fallecida meses atrás (¿paradoja?) y descubre que todo -incluso el fatídico destino de su esposa- ha sido una pesadilla… (¡trampa!).

Desde el punto de vista meramente técnico, dramático, formal es un final tramposo, indigno, chapucero y, obviamente por su trascendencia, polémico.

¿Cuál es la gran diferencia entre el final “encapsulado” de “St. Elsewhere” y el de “Los Serrano”?

En el de la primera los personajes que la cierran están fuera de la historia. Son actores de la serie, pero interpretando personajes distintos, lo que habilita la metaficción. En la propuesta de Globomedia se obliga a la audiencia a asimilar que el devenir de los personajes a los que se ha enganchado aún no ha ocurrido. No porque uno de ellos “lo ha soñado” (como parece en un primer momento) sino porque “lo ha anticipado” (como se descubre a continuación): el guiño final de su hermano, señalando que algún día se casará con cierta mujer, a lo que Resines contesta con un ajustado “Ya lo sé” así lo corrobora, haciendo cómplice al espectador de la nueva situación. Los guionistas no pretenden decir que todo ha sido un sueño sino una global premonición. En otras palabras: “os hemos engañado dos veces”. Nada de lo que ha pasado ha pasado (primer engaño), pero pasará (segundo engaño).

Lo que preocupa no es el órdago disfrazado de alarde de ingenio con el que se remata una serie emblemática, sino la sensación de que lo que se propone como pirueta dramática afecta a la unidad de la narración total o la macrohistoria.

Porque si el protagonista conoce de antemano todo lo que va a pasar es lógico pensar que intervendrá para modificar aquellos episodios que no desea (como la muerte de su esposa, por ejemplo). Cuando llegue ese momento ¿no poNdrá todo su empeño en evitar el accidente que le costó la vida a Lucía, reportando a Tele 5 los índices de audiencia más altos de la serie? Parece que los guionistas propongan lo siguiente al espectador: “usted no ha visto la auténtica historia de ‘Los Serrano’; la auténtica está por escribir” (eso mola… de estar prevista una nueva temporada). Y concluyen así: “…pero no la vamos a hacer” (lo que supone una bofetada a la audiencia, esa de la que han vivido cadena, productora y elenco artístico y técnico durante años).

Si, en su defecto, lo que pretenden es que el protagonista no infiera en la historia y deja que los acontecimientos se sucedan tal cual él conoce de antemano, no sólo se desaprovecha una propuesta argumental interesante, sino que la historia esta condenada a su trágico final, que como ya dijimos antes es impropio de esta serie. No sólo porque no se ubica en el contexto de género cómico, sino por el desolador mensaje que lanza a su audiencia millonaria: “si te van mal las cosas, el único camino que te queda es suicidarte”. Y tan panchos.

Como dice una ilustre bitacorista televisiva, lo malo de las series españolas no es que copian, sino que plagian mal.

ÚLTIMA HORA

Mientras ultimaba el artículo una lucecita se ha encendido en mi destartalado cerebro y me ha asaltado una duda: ¿Y si ésta no fuera la lectura correcta de las imágenes? ¿Y si los guionistas pretendían algo muy distinto? Así que mañana ofreceré la visión alternativa a este polémico final de una de las series estrella de la historia de la televisión en nuestro país...

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