29 jul. 2008

Castillos y Castells


Mientras algunos sueñan castillos en el aire con la esperanza de que se reconozcan sus selecciones nacionales deportivas, otros siguen construyendo castillos en la tierra superando barreras de diferencia social, geográfica y racial.

El ser humano anhela el triunfo propio; una vez logrado puede limitarse a disfrutarlo, gestionarlo para obtener nuevas metas, alargarlo como un chicle (“vivir del éxito”) o lapidarlo ( “morir del mismo”). Tampoco nos cuesta mucho compartir las victorias de los demás –en especial las deportivas- aunque hayamos tenido que ver poco o nada con ellas. Pero hay momentos en los que uno siente orgullo por lo que hacen otras personas sin que medie una competición o un acto de sacrificio.

Gracias a un excepcional reportaje de “30 minuts” hemos descubierto un nuevo fenómeno de exportación. Y esta vez no se trata de un asunto de grandes corporaciones, ni de empresas avispadas, ni de modelos emergentes de negocio. Es más: lo mejor de todo es que no hay dinero de por medio.

Resulta que los Castellers de Vilafranca han atravesado el Gran Charco y se han ido a enseñar a los chilenos cómo se hace un castell. Pero no como reivindicación nacional –como pudo ser la pompa literaria de la Feria de Frankfurt- ni como exhibición folklórica. Con el apoyo entusiasta del gobierno de Chile los catalanes enseñan a los adolescentes que residen en zonas conflictivas cómo levantar un “quatre de nou amb folre” o “descarregar un cinc de vuit”. Pero más que eso les transmiten una manera de entender la vida y el éxito muy alejada de la competitividad perversa y el egoísmo manipulador disfrazado de auto-superación que les llega de otros lugares. Una filosofía que se fundamenta en el respaldo colectivo, la necesidad mutua para crecer o la alegría como premio. Semejantes valores positivos enriquecen su vida personal y se extienden como una epidemia balsámica e inspiradora a sus familias desestructuradas y barrios marginales.

En el esfuerzo se aúnan dos objetivos: el de generar oportunidades de ocio alternativo a una juventud atrapada en la desidia y la drogadicción, y realizar una labor pedagógica que proyecte a toda una generación a un futuro afianzado en la solidaridad, el trabajo en equipo y la amistad que identifican al món casteller. No me dirán que no es para ir vacilando por ahí de “nuestra” aportación a la utopía de un mundo mejor… aunque lo de las selecciones nacionales no prospere.

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