13 de ago. de 2007

Para qué sirve... el verano

Ilustración de Tadahiro Uesegui

Desde el punto de vista térmico el verano es una estación caracterizada por tener los rayos solares con menor inclinación, por lo que las temperaturas son las más altas del año. Pero debido al cambio climático esta definición se tambalea.

Antaño era sinónimo de vacaciones, sol y descanso. Hoy todos estos conceptos son una incógnita. No sabemos si nos acompañará el buen tiempo, es muy probable que descansemos poco y, en consecuencia, las vacaciones –para aquellos que las consigan- no habrán cumplido su propósito esencial. Es curioso cómo un periodo originalmente concebido como pausa se convierte en una etapa de actividad frenética. Curioso y dramático. ¿Es lógico terminar agotados al final de un ciclo previsto para descansar? Además, para muchos el final del verano deriva en depresión. Otros, en cambio, ya enferman en cuanto se anuncia el solsticio de junio; sobre todo los alérgicos y los padres aterrorizados porque sus hijos pequeños van a pasar todo-el-día en casa los próximos tres meses.

En el pasado era tan sencillo como decidir entre playa o montaña. Ahora esto no basta. Si no haces un crucero o algún circuito exótico eres un bicho raro. ¿Y dónde ir? Eliges un camping y se inunda; acampas en un bosque y se incendia; vas a la playa y las medusas te cuecen… Y lo que es peor: te quedas en casa y en la tele sólo ponen galas y capítulos repetidos de “El coche fantástico”.

Antes “verano” y “paga extra” eran conceptos directamente proporcionales. La una determinaba el tipo de veraneo que podíamos permitirnos. Hoy el plus estival apenas da para la factura del aire acondicionado; y eso quedándose en casa consumiendo tinto de verano y con tarifa plana del videoclub.

No, el verano ya no es lo que era, aunque sigamos llamándolo así. Y eso que la palabreja a mí siempre me ha parecido una ordinariez comparable a “vernáculo”. Claro que ahora, con la propagación del naturismo, el nudismo y los tangas, la definición no puede ser más literal. Pero sigo preguntándome: si la temperatura no es la misma, las vacaciones tampoco, la paga extra no alcanza, no se descansa e incluso produce sufrimientos, urticarias y kilómetros de caravanas infernales… ¿por qué sigue existiendo el verano? ¡Si hasta Georgie Dann, el tipo que más lo ha rentabilizado durante décadas, nos canta este año que “se caga en tó”!

2 perplejos apuntes:

Pianista dijo...

El verano es un invento de Halcón Viajes.

Pastor Dadaísta dijo...

Jonathan,

Bienvenido al club de los "blogueros". Inicias tu blog en verano: "el verano ya no es lo que era..." Con tu blog es algo más refrescante.

Un abrazo,

Pastor Dadaísta