15 ago. 2007

Guionistas de ficción / 01

Además de gángster sin escrúpulos, patrón de barco, editor de un periódico, detective privado, buscador de oro, ladrón, asesino y promotor pugilístico entre otros muchos oficios, el gran “Boggie” también fue guionista de cine.


Harry Dawes
(Humphrey Bogart)

Profesión: Guionista y director de cine
Especialidad: Largometrajes
Film: "La condesa descalza" (The Barefoot Contessa, 1954)
Guión: Joseph L. Mankievicz
Género: Drama



"Me llamo Harry Dawes. He sido guionista y director de cine más tiempo del que me gusta recordar, cuando las películas tenían dos dimensiones, una dimensión e incluso a veces ninguna dimensión." Así es como el personaje se presenta a sí mismo y nos introduce en el relato de la trágica historia ficticia de María Vargas, célebre bailarina española que llegó a ser estrella de Hollywood.

Dawes es el narrador, porque a pesar de que diga: "Lo siento, pero mi contrato y las disposiciones de mi sindicato especifican que mis servicios se limitan a los de guionista y director. No se me exige que haga una labor de Relaciones Públicas…” es justamente ese papel diplomático el que va a determinar su función en la película.

A Dawes jamás le vemos dirigiendo y sólo una vez le sorprendemos encerrado en un hotel, "haciendo unas correcciones de última hora en el guión". Sin embargo, su especial relación con María, que ni él mismo sabe definir ("La nuestra es una extraña amistad. (...) Ha sido extraña desde el principio. (...) Nunca he sabido lo que era exactamente: amigo, director, confesor, a veces psiquiatra improvisado y en este momento más bien su madrina, su hada madrina con los pies en el suelo…") es la que da unidad a la historia.

Aunque dicen de él que "es uno de los dos o tres mejores guionistas y directores del mundo del cine, ni más ni menos", Dawes opina de sí mismo, con la ironía que le caracteriza: "Oh, yo no soy importante. He escrito una película y la voy a dirigir". Y añade: "Yo era un guionista y director al que las cosas no le iban demasiado bien". Si esto es cierto es debido a que en el pasado fue "un pobre borracho que ha besado el suelo delante de los extras más insignificantes". Ahora ha dejado la bebida, y su productor, del que Dawes opina que "tenía tanto que ver con una labor creadora como yo con la física nuclear" se queja: "Contaba contigo para reírme con tus siempre agudas ocurrencias. Se ve que el dejar de beber, te hace aburrido".

Dawes es discreto: "porque ni siquiera [él y su novia, una scrip] habían avisado a los periodistas que se iban a casar". También sincero: "Para escribir tan bien, señor Dawes, miente usted increíblemente mal". Educado, diplomático y directo: "Está visto que nunca podrás dejar de ser el protagonista de un mal guión". Además, sabe tratar a las mujeres: "Sabes lo que tienes que decir a cada mujer en el momento adecuado, ¿no es verdad?". Pero por encima de todo goza de un agudo e irónico sentido del humor: "Las diferencias entre los magnates del cine europeo y el americano son asombrosas: no existe ninguna en absoluto". Y, por último, tiene un don: "Lo que mueve a un hombre a escribir sobre las personas (...) es el hecho de que generalmente tiene un sexto sentido acerca de ellas o cree tenerlo, igual que una bruja. Mis cinco sentidos normales, aun con el estímulo del alcohol, no son nada de particular, pero poseo un sexto sentido por el que cualquier bruja que se precie hubiera dado hasta la escoba…".

Harry Dawes es un filósofo obsesionado por la dicotomía entre la realidad y la ficción: "Uno de tus muchos defectos, Harry, es que no sabes cuando termina un guión y cuando empieza la vida". El guionista reflexiona: "Kurk se equivocaba (...) un guión ha de tener lógica, la vida no la tiene. Un guión hubiera hecho que yo me tomara el whisky de Óscar y me emborrachara, pero aquello no era un guión, y ahora lamento que no lo fuera porque un guión nos habría obligado a comportarnos con algo más de lógica…". "La vida, de vez en cuando, se comporta como si hubiese visto demasiadas películas malas en las que todo encaja demasiado bien: exposición, nudo y desenlace, desde el primer encadenado hasta el último fundido". Es esa obsesión la que, al final del film, le lleva a lamentarse de que "...una vez más la vida estropea el guión".


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