29/10/2010

Ahora o nunca


Una comitiva de diez coches fúnebres recorre la capital causando gran expectación. Ni es un funeral de Estado, ni una metáfora de la defunción del canon digital de la SGAE, ni una campaña disuasoria de la DGT para alertarnos del peligro en las carreteras durante el puente. El cortejo lo fleta la cadena MTV para promocionar su docu-reality: “Ahora o Nunca, ¿Qué te gustaría hacer antes de morir?”. Trata de cuatro amigos que deciden vivir una gran aventura y recorrer España para cumplir 100 actividades que desean realizar antes de morir y que han recopilado en lo que ellos llaman "la lista".

Me recuerda ―no es casualidad que compartan el mismo título― a aquella película con Jack Nicholson y Morgan Freeman en la que un mecánico jubilado y un arisco millonario que comparten habitación en el hospital y el fatal diagnóstico de un cáncer terminal elaboran una lista de deseos para dedicar el (limitado) resto de sus vidas a darle cumplimiento. Para el primero es la oportunidad de alcanzar aquello que siempre quiso. El segundo lo ha tenido todo en la vida (o al menos el dinero para pagarlo), así que desafía a la muerte con arrogancia: “Divertirse hasta morir”.

Tras un amplio muestrario de turismo al límite (como el que parece que plantea la MTV), que no satisface sus expectativas, cobran fuerza otros asuntos pendientes, como Reír hasta que se te salten las lágrimas, Ayudar a un extraño porque sí o Besar a la chica más guapa de mundo, mostrándonos el secreto de una vida feliz: la fundamentada en el amor y la amistad, que se nutre de la emoción compartida, de los éxitos cotidianos, de la necesidad de sentirse querido por quienes nos aceptan, aunque conocernos y amarnos a nosotros no estuviese en su propia lista de deseos.


No creo que el propósito de la MTV sea alcanzar estas reflexiones sobre la vida y la muerte; pero, ya que estos días se propaga una sensibilidad especial sobre el tema, no estaría de más colocar en el principio de todas nuestras listas la necesidad de pensar en si vivimos la vida como una proyección de deseos hacia un futuro incierto e imprevisible o como una biografía forjada a diario, anclados en el presente, con la intensidad de quien la percibe como una cuenta atrás.

© !)


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    27/10/2010

    La vida te da tweetpresas


    Me ha encantado el tweet que envió anoche Guillermo Arriaga, guionista de Amores perros, 21 gramos y Babel. ¿Habra leído mi cuento?


    Nota: Elegí un buen día para imitar su estilo...

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        25/10/2010

        La Red Sociópata


        No hablar con extraños, no aceptar caramelos a la puerta del colegio o no contestar al teléfono eran las consignas que papá y mamá nos daban en nuestra más tierna infancia. Utilizo esta manida expresión, a riesgo de parecer hortera, porque quiero focalizar en esa infancia que es tierna, o sea: delicada, susceptible y frágil.

        La fábula de los siete cabritos y el lobo nos aleccionó sobre el peligro de abrir la puerta a desconocidos. Aquél y otros relatos paternos sobre las fieras que acechan fuera nos mantuvieron alerta. Entonces se estrenó El exorcista y ocurrieron tres cosas: 1) el cine se postuló como la herramienta pedagógica para sustituir al relato oral; 2) los mensajes de aviso ya no sólo estremecían a los niños sino también –y sobre todo- a sus progenitores; y 3) el enemigo ya había entrado en casa.

        Entonces fue la Güija y los oscuros juegos espiritistas; después llegaron otras amenazas: la televisión (Poltergeist), las niñeras (La mano que mece la cuna), las mascotas (Atracción diabólica), la propia familia (El escondite, La huérfana), los adolescentes perturbados (Elephant)... Muchas de estas historias estaban inspiradas en hechos reales, lo que las hacía más aterradoras.

        Ya ha llegado a nuestros cines La Red Social, un film que recrea el origen de Facebook. Coincide (!) este estreno con una noticia espeluznante: la detención en Barcelona de varias personas que han abusado sexualmente de una niña de quince años a través de esta herramienta de “socialización” (preferentemente adolescente) en Internet. Los detalles son escabrosos: manipulación, chantaje emocional, humillación, violación, proxenetismo…

        El enemigo sigue estando en casa, y es capaz de destruir sin compasión cuanta ternura encuentre a su paso. A diario miles de niños delicados, susceptibles y frágiles, pierden la inocencia, el alma e incluso la vida. Parecen a salvo en sus habitaciones; pero han salido “ahí fuera”, y están expuestos como pececillos a ser atrapados por la Red. Y no es cuento.

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          23/10/2010

          Cine y Puertas: Las mejores secuencias


          Un entretenimiento para el fin de semana, con una selección de las mejores secuencias que recuerdo en las que las puertas son protagonistas. La coleccion podría ampliarse. Todos los que queráis contribuir a ello, enviadme vuestras secuencias favoritas, con un comentario y el código para visualización de la misma.

          El Superagente 86

          Al margen del icono televisivo del zapatófono, aquella entrada de Maxwell Smart (al capítulo y a la sede secreta de CONTROL) quedó grabada para siempre en nuestra memoria colectiva. ¿Alguien sabe por qué a este agente torpón y entrañable se le bautizó con el número 86?

          Único testigo

          Muchos trhillers han imitado la tensa secuencia del asesinato en los lavabos de la estación, diseñada por Peter Weir. En ella, un Danny Glover jovencito y sanguinario, va abriendo las puertas, una a una, aterrorizando al acorralado Lukas Haas. Prestad atención a uno de los movimientos del chico, en clarísimo guiño a su compañero de reparto: Harrison Ford.

          El jovencito Frankestein

          El film de Mel Brooks está plagado de buenos momentos, pero recuerdo haberme desternillado cuando, al ser atrapado por la puerta secreta, se oye a Gene Wider, fuera de plano, hablar con la mandíbula desencajada. "Sobre todo, no vuelva a poner la vela en su sitio", y entonces la mandíbula que se desencajaba (pero de risa) era la del público.

          Stargate

          Para mí, el mejor momento del film es cuando James Spader se acerca por primera vez a la puerta estelar y la atraviesa como sólo un científico podría hacerlo. Antes que él, los marines la han traspasado con determinación militar; pero él se toma su tiempo, disfruta de cada detalle. Ante semejante oportunidad observa, toca, inspira, se deja fascinar, para luego sumergirse con todos los sentidos en lo desconocido...

          Los hermanos Marx en la Ópera

          Siempre ha sido recordada por la parte en la empieza a llegar gente y Groucho les va abriendo la puerta abarrotando el camarote; pero para mí no tiene desperdicio la primera parte (contratante o no), en la que, con la puerta cerrada, Groucho pide un desayuno abundante en huevos duros.

          El resplandor

          "Aquí está Jooooohny"... Otra mítica secuencia -y no la única de este film- con la que Stanley Kubrick y Jack Nicholson sobrecogieron al mundo. En nuestro país lo más aterrador fue el doblaje, perpetrado (creo recordar) por Carlos Saura. A ver si entre todos encontramos por la Red todas las parodias que se han hecho sobre este momentazo cinéfilo.

          Monstruos S.A.

          Mi favorita entre las favoritas; y, como era de esperar, imposible de encontrar en la web. Creo que, si considero este film de Pixar como el mejor, es por la secuencia de la persecución en ese almacén gigantesco de puertas. Casi todos los otros films de la compañía son soberbios, pero esta secuencia es sencilamente magistral: por su ritmo, por su originalidad, por mezclar vértigo y fantasía, por su dimensión emocional, su humor, su creatividad, su montaje, su clímax... Si alguien encuentra la secuencia disponible, que la comparta y la subiremos. Videos domésticos sobre la atracción del Disney Park abstenerse.

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            21/10/2010

            Déjame entrar: La familia







            Otras entregas de la serie:


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              20/10/2010

              Déjame entrar: Variaciones


              Aprovecho el estreno de "Déjame entrar", el remake norteamericano de "Déjame entrar" (!)- para abordar de una forma distinta a la habitual el uso de la cartelería promocional de un film. En esta ocasión, en vez de agrupar diferentes películas por su semejanza en el grafismo, lo hago por su idea conceptual.

              Déjame entrar: Los educados

              Déjame entrar: Los terroríficos

              Déjame entrar: Los cachondos

              Déjame entrar: Los impacientes

              Déjame entrar: Los bruscos

              Déjame entrar: Los inquietantes


              Próximas entregas de la serie:


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                18/10/2010

                El estreno (perplejo) de la semana


                Teniendo al elenco principal como única pista, ¿seríais capaces de adivinar de qué producción se trata?

                Los impacientes pueden clickar sobre la imagen para resolver el enigma...

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                  15/10/2010

                  El narrador*


                  Vivía al otro extremo de la ciudad, junto a la antigua estación de tren. Fumaba en pipa, era celíaco y calzaba un 46. Cuando apenas era un chiquillo una revista infantil le publicó su primer cuento. Después llegaron un segundo y un tercero. Se había despertado en él una fascinación por el oficio de inventar historias, al que se entregó desde entonces. Pero el cuarto relato jamás fue publicado.

                  Las musas solían visitarle a menudo y se mostraban generosas, nutriendo su imaginación con fértiles alumbramientos creativos; pero, en cuanto se ponía a transcribirlos al papel, se volvían esquivas y le negaban la inspiración.

                  Mientras estaban en su cabeza las historias eran poderosas; pero si las compartía con otros, ya fuera oralmente o por escrito, se diluían. No era extraño escucharle interrumpir uno de sus relatos para confesar que había olvidado por completo cómo continuar. El narrador interpretó aquello como una maldición y decidió que no volvería a compartir sus relatos, que se los guardaría para él. De esta manera esperaba mantenerlos a salvo y vigorosos.

                  Durante un tiempo así lo hizo; pero el flujo de historias no cesaba. Una idea podía asaltarle en cualquier sitio, ya estuviera despierto o durmiendo. Era como una revelación, que tomaba forma en su cerebro, tal que un nódulo inmaterial que se expandía hasta provocarle agudas migrañas. El dolor era cada vez más intenso, hasta que se volvió insoportable.

                  Sospechó que sólo habría una forma de atenuar el sufrimiento: extirpar la historia de la memoria, dejarla marchar, proyectarla hacia quien deseara escucharla.

                  Aquella tarde se sentó en un banco del parque, junto a un anciano que apuraba su cigarrillo furtivo. El narrador le contó una de sus fábulas y regresó a casa aliviado, pues el dolor había desaparecido. Esa noche se durmió pronto, relajado.

                  Mientras, en el parque, una ambulancia se llevaba al depósito el cuerpo inerte del anciano. La autopsia reveló que había fallecido a consecuencia de un cáncer del que, sin embargo, no encontraron constancia alguna en su historial médico.

                  © !)

                  * Dedicado a Julio y su estímulo a producir más narrativa perpleja.

                  La ilustración es de © Aaron Jasinski

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