La tradición marca que los cuentos -sobre todo si son de hadas- deben acabar bien. La princesa ha de casarse con el príncipe y estar dispuesta a comer perdices, pese a que la dieta cinegética es como para vomitar. Hasta en la vandálica “Shrek”, la princesa Fiona disfruta de broche nupcial con su príncipe azul (en este caso más bien verde), aunque ambos sean ogros y sienten un peligroso precedente*.
Sin embargo, en su trasgresión, los guionistas de “Shrek” son más respetuosos con la coherencia interna de la historia que los autores del Clásico de Disney “La Bella y la Bestia”**, quienes en su empeño por respetar las premisas del género caen sin remedio en
la trampa del jumper.
EN SITUACIÓN
Durante su estancia en el castillo hechizado de la Bestia, Bella acaba descubriendo en aquel monstruo egoísta y arrogante los indicios de un carácter noble aunque amargado, el destello de un corazón marchito pero capaz de amar.

A base de corregirle los modales, instruirle en protocolo y enseñarle paciencia y valores despierta en su espantoso anfitrión la admiración, la compasión y el enamoramiento. Al mismo tiempo, y sin pretenderlo, se descubre a sí misma atraída por el bárbaro, vinculada a su universo y finalmente enamorada de él.

La muchacha que soñaba con vivir las apasionantes aventuras que había leído en los libros, lejos de la aburrida y convencional vida de pueblo, ve cumplido su anhelo de una forma en que jamás habría imaginado.
Y todo gracias a la irrupción de la Bestia en su vida. Aquel monstruo se convierte en su enamorado, su paladín, su alma cautiva a costa de su propia vida y, en última instancia, el materializador de sus sueños. ¿Cómo no caer rendida a sus pies? Son tal para cual, la pareja ideaaal…**.
Tras las complicaciones de rigor y
el clímax en el tercer acto, distraído por la emoción de volver a ver a su amada, la Bestia es acuchillada por un Gastón arrebatado por los celos y la vanidad y muere (o se desmaya). Entonces el hechizo sobre el castillo y su propietario se rompe. Justo antes de que la rosa pierda su último pétalo la Bestia ha aprendido a amar y es amado por una mujer…

─No, no… Por favor, por favor. Por favor… no me dejes. ¡Te amo!
Fenómenos atmosféricos se ciernen sobre el lugar, un tornado hace levitar a la Bestia y
la transfigura ante los ojos espantados de la muchacha, devolviendo al príncipe encantado su aspecto humano.
EL JUMPER
Y entonces surge la pregunta: ¿Qué hace Bella con este apuesto galán en el que se ha convertido la Bestia de dos metros que la ha seducido, protegido y cautivado en todos los sentidos? ¿Cómo reaccionará ahora que ese ser que todos temen y desprecian y al que ella le ha confesado que le ama tal cual es, se ha esfumado? ¿Echará de menos sus rudas pezuñas que la acariciaron cuando bailaban, o su profunda voz que primero la intimidaba y más tarde la hacía sentirse segura?...

─Bella… Soy yo.
(Bella hace un mohín, toca su cabellera, le mira fijamente a los ojos, los reconoce…)
─Sí, eres tú.
(Fuegos artificiales)
¡Lo acepta, sin más! Bella sigue sonriendo cuando la Bestia de la que se ha enamorado desaparece para siempre. Ella, que acaba de llorar desconsoladamente sobre el cuerpo inerte de su amado monstruo, obvia la tragedia de no volverlo a ver, acepta su canje por un príncipe macizo y se entrega a sus brazos depilados y sus besos apasionados.
Es algo que tenía que ocurrir, pues se anticipó en el mismo momento en que se lanzó el conjuro. Resulta consecuente que el personal del castillo se alegre de que el aspecto del príncipe vuelva a ser el que era. Además, gracias a la chica, ahora es mejor persona y tiene pareja, así que la felicidad es completa. Pero la muchacha debe reaccionar de otra forma cuando su Bestia se transforma en un tipo “común” que ella no ha visto antes.
¡Pero es que son la misma persona!, argumentarán. ¡Y un cuerno! (en su caso dos). Ahí está el mérito del
jumper: en enfatizar la aparente coherencia del relato para que pase desapercibida su discordancia interna.
LOS ARGUMENTOS
Nos han contado muchas veces amores turbulentos donde los galanes son adonises por fuera y luciferes por dentro. O dramas de ingenuas que se casan con guaperas encantadores que a la postre resultan ser alimañas, cernícalos o sabandijas. Pero ESTA NO ES nuestra historia. No se juzgan aquí la doble moral o la esquizofrenia. La propuesta es:
“La belleza está en el interior”Por eso Bella puede superar la barrera del físico y enamorarse de la Bestia, aceptándola completamente. Bella no ama a Bestia para romper el hechizo, o esperando recuperar a un potencial príncipe azul una vez desaparezca el encantamiento. Cuando ella llora sobre su pecho al creerle muerto, no espera que cambie, sólo desea que viva y estar juntos. Esto legitima su amor.

─¿Te has enamorado de ella, Bestia?... ¿En serio creías que ella te querría a ti teniendo a alguien como yo?
Gastón da en el clavo: Él es apuesto y valiente; pero Bella le rechaza, porque es bárbaro en su interior; todo lo contrario que Bestia, a la que la muchacha sí entrega su corazón. Interior y exterior están conectados, pero por contraste: Cuando la hechicera maldijo al príncipe, éste era guapo, aunque su corazón fuese déspota y arrogante. Al final de la película se han girado las tornas: ahora un ser de aspecto monstruoso atesora un corazón hermoso que ama y es correspondido. Si ahora la Bestia se transforma en algo bello exteriormente la coherencia interna del relato se tambalea.
Si la belleza está en el interior (y Disney se encarga de realzarlo a base de números musicales -extraordinarios, por cierto- de Alan Menken) debe permanecer ahí, aunque para ello haya de modificarse la narración. En una versión coherente del argumento Bella se casaría con la Bestia y, a pesar de su monstruoso aspecto, vivirían felices juntos.
Antes citaba "Shrek". Allí Fiona acaba siendo lo que en realidad es: una ogra (y en la secuela la reina debe compartir –y comparte- lecho con un sapo). En el film de Disney pervierten la naturaleza del amor fidedigno transformando a la Bestia en un príncipe “de cuento”. Y pasan de puntillas sobre esta paradoja hasta el final, donde se contradicen una vez más cuando el film concluye con la pareja sobre la pista de baile y un coro entonando el tema principal:

“No hay mayor verdad: la belleza está en el interior… Nace una ilusión, llena de emoción. Bella y Bestia son.”
¿Bestia? Yo no la veo por ningún sitio. Esto enlaza con el segundo argumento:
“Bella y Bestia son”Si algo tiene de genuina esta historia son sus dos protagonistas: una muchacha y una bestia. Son estos dos personajes -y no otros- los que se enamoran. Si fuera un romance convencional el film podría haberse titulado “La maldición del príncipe arrogante” o “Hasta el último pétalo”, pero no de una forma tan explícita: “La Bella y la Bestia”.
Los protagonistas no se conocen antes de la maldición, como ocurre en otros cuentos de hadas (“La bella durmiente”, “Blancanieves”…). No estamos, pues, ante un relato de recuperación de la persona amada, sino de construcción de una pareja.

Y dentro de la pareja, Bestia es el protagonista principal de la historia y Bella es el catalizador de la misma. El relato arranca con la Bestia-príncipe. Su aspecto es humano, pero la bruja viene a evidenciar con su maldición que ya es una Bestia en su interior.
(Volveremos a esto más tarde.)La Bestia es el personaje sobre el cual pivota la historia. Es su tragedia, su conflicto y su evolución como personaje lo que se nos narra. Bella cumple un papel crucial pero complementario, ya que es la que provoca el cambio de suerte del protagonista y hace avanzar la historia al ser la única "capaz de amar a una Bestia".
Cuando el hechizo se rompe sucede lo previsible, pero en el camino se produce una pérdida imperdonable:

¿Qué fue de la Bestia como personaje? Es el héroe de la historia, la estrella de la película. Su nombre encabeza los títulos, su imagen está omnipresente en el cartel y la publicidad del film.
Disney se ha forrado con el merchandising del monstruo peludo. ¿Cuántos muñequitos del príncipe "impostor" habrá vendido? ¡Y sin embargo es el guaperas quien se lleva a la chica!
Bestia tiene que aguantar toda la película siendo un animal y cuando consigue besar a la chica le volatilizan. ¿Por qué le roban al protagonista la mejor secuencia? Y si tiene que ser así (porque la maldición ha desaparecido y todo vuelve a su lugar), ¿por qué no inventan algo para que la Bestia se reivindique? ¡Ha conseguido enamorar a Bella! ¡Con su planta eso tiene mucho mérito!
Incluso en la secuela los guionistas se vieron obligados a sumergirse de nuevo en el periodo de estancia de Bella en el castillo (junto a Bestia), pues una continuación sin el protagonista era sencillamente imposible. ¿A quién iba a importarle un día después de Bella con el mindundi de la melena cobriza?
Cuando sube la música y la Bestia desaparece uno no puede más que empezar a echarla de menos y, de paso, cogerle manía a este príncipe de cartón piedra. ¿Qué vida le espera a Bella ahora que Bestia no está? Los guionistas se escaquean, pone el piloto automático y apuestan por que se cumpla lo estipulado en el hechizo.
Lo que nos lleva al tercer y último argumento:
El enunciado de la maldiciónAhí radica el problema:
En otras palabras, y como literalmente recogen
en la secuela del film:
─Hasta que encuentres a alguien que te ame tal como eres permanecerás para siempre como una Bestia.
Si Bella llega a amar a Bestia “tal como es”, en cuanto cambie y deje de ser lo que es, Bella dejará de amarle (al menos cabe esa posibilidad). Esta paradoja distorsiona el argumento. Los guionistas podrían haber metido mano y reformular la maldición, de modo que hubiéramos seguido disfrutando de Bestia sin el problema de su transmutación en individuo que no nos seduce (aunque se fuerce que Bella está encantada con el cambio).
Bella podría sorprenderse (Así que ésta es tu verdadera imagen), vacilar (¿Eres ahora “mi tipo”?), interrogarse (¿Podré acostumbrarme a verte con esa pinta? ¿Echaré de menos lo que ayudó a que me enamorase de ti?...) Para los guionistas, en cambio, a Bella no le importa asumir automáticamente la “belleza” que ha adquirido su amado por arte de magia (literalmente).
Por no solucionar este problema el film genera un puñado de mensajes subyacentes: “Ama de verdad y al final todo se arreglará”. “No te importe enamorarte de una fealdad; ya cambiará y se volverá hermoso”. “Busca la belleza que está en el interior y acabarás con alguien bello por fuera también...”
CONCLUYENDO…
Lo que en la película se interpreta como un apoteósico e idílico final, podría ser, visto así, un gatillazo, o el gran destrempe. Ahí está muchas veces el mérito del
jumper: que hace pasar desapercibido el detalle que podría tumbar la historia.
A tenor de lo expuesto, ¿cómo debería haber acabado la película? Haz tus propuestas:
POSIBLE PRÓXIMA ENTREGA:
El jumper de “El piano”NOTAS:
*Lo de “peligroso” lo digo por la cantidad de películas de dudosa calidad nacidas a su sombra y cuya excusa es que son pretendidamente iconoclastas.
**Aviso para tiquismiquis: Juzgamos la película como una propuesta independiente, eludiendo cualquier referencia a sus precedentes.
**Sí, sí; se lo he plagiado a Mayra Gómez Kemp.