Una cosa lleva a la otra. Repasábamos
el otro día a las chicas de oro del cine y la televisión, a sus cuerpos desnudos con pátina dorada o mallas translúcidas plagadas de centelleantes lentejuelas. Pero como recordaban atinadamente algunos comentarios "no es oro todo lo que reluce", ni tampoco ─añado─ todo lo que se aplica sobre los sufridos intérpretes para caracterizar a sus personajes o hacer avanzar el drama. Como la ocasión la pintan calva, vamos a iniciar una serie de artículos donde analizaremos los distintos elementos, fluidos y potingues con que los departamentos de maquillaje castigan al más
pintao.

LA PINTURA COMO GAG
Desde sus inicios en silencio el cine quiso explotar la hilaridad que produce embadurnar al personal con los más variados ungüentos; a mayor densidad del líquido, mejores risotadas. El clásico cubo de pintura que espera sobre la puerta entreabierta para derramarse sobre el ingenuo que la traspase sigue siendo efectivo aún entre el público infantil (
Sólo en casa, Pipi Calzaslargas). También funciona el recurso de atravesar a gran velocidad una estantería de botes de colores, como hace Jackie Chan en su versión de
La vuelta al mundo en 80 días o los Blues Brothers en
Granujas a todo ritmo, destrozando un almacén gigantesco para recocijo de los amantes de la acción. Últimamente ha ganado adeptos el efectivo "paint-ball", juego donde los contendientes se ametrallan con balas de pintura, ya sea como experiencia de flirteo (
10 razones para odiarte) o para dar rienda suelta a la mala leche (
Escuela de pringaos). En ambos casos la risa suele estar garantizada.

LA PINTURA COMO CASTIGO
La vengaza es un plato que se sirve frío y, en la pantalla, también en formato líquido, preferentemente gracias a colorantes ocultos en la alcachofa de la ducha. Lo utilizan personajes despechados para vengarse, como el joven escritor de talento al que un productor sin escrúpulos le ha robado su guión (
Gordo mentiroso), o adolescentes descerebrados por puro gamberrismo (
Porky's).

PIZARRAS HUMANAS
A falta de powerpoints y rotuladores Velleda, los entrenadores de gladiadores utilizaban los pectorales de Kirk Douglas en
Espartaco para aleccionar a los esclavos sobre las zonas de ataque en las peleas cuerpo a cuerpo. En
Waterworld una niña lleva inscrito en su cuero cabelludo el dibujo que todos ambicionan, pues indica las coordenadas de la tierra seca. Una versión extrema y muy sofisticada del pergamino epidérmico es el cuerpo tatuado de Michael en
Prison Break.

PINTURA BIOGRÁFICA
Pero generalmente la función dramática de los tatuajes en el cine es caracterizar al personaje. Unas veces se necesita recargar la piel desnuda para mostrar una inquietante crónica vital (Robert de Niro en
El cabo del miedo o Brad Pitt en
El club de la lucha) y otras basta con seleccionar el símbolo adecuado que no ofrece lugar a dudas (la svástica de Edward Norton en
American History X o el número 666 en el anticristo de turno).

PINTURAS DE GUERRA
Los guerreros utilizan pinturas de camuflaje para confundirse con el entorno, ya sean soldados de élite (
Lágrimas del sol, Depredador...) o indios del Amazonas (
La selva esmeralda). Godard pintó a brochazos el rostro de Jean Paul Belmondo en
Pierrot el loco y Mel Gibson optó por el blanquiazul cuando rodó
Braveheart para regocijo de los periquitos y pavor de las tropas inglesas que sucumbieron a su espada. Antes que él, el Western ya nos había mostrado que, junto a los tambores que no cesaban de sonar en la víspera de la batalla, los rostros pintados de los sioux daban mucho miedo.

PINTURA IDENTITARIA
Como los pieles rojas, el Joker recreado por Heath Ledger pintarrajea su rostro lacerado a sabiendas de que le garantiza un aspecto intimidatorio. Si la faz es el espejo del alma, los colores que le identifican no podían ser otros que los de la baraja: negro, rojo y blanco. El villano de
El caballero oscuro usa su cara entintada como carta de presentación, pero al falso predicador de
La noche del cazador (Robert Mitchum) le basta con hacer caligrafía en sus nudillos para meter el miedo en el cuerpo.

PINTURA ENCUBRIDORA
Al contrario de todos ellos James Stewart quiere pasar desapercibido en
El mayor espectáculo del mundo. Huye de la justicia por haber practicado la eutanasia a su esposa y escoge el mundo del circo para ocultarse tras el rostro hiper maquillado de un payaso. Aunque la naturaleza de los cosméticos es realzar la propia imagen, con frecuencia el cine recurre a ellos como método de ocultarla; casi siempre para salvar el pellejo (ese que se agazapa bajo la capa de pintura).

PINTURA CLASISTA
Mientras la aristocracia se empolva la cara y ribetea sus labios con carmín (
Barry Lyndon), el populacho se la ensucia de cal y carbón. Ver a Glenn Close en
Las amistades peligrosas desmaquillándose frente al espejo, en silencio, es contemplar a cara descubierta el estrecho vínculo entre pintura y humillación. En
Apocalypto Mel Gibson recurre una vez más al azul para marcar como piezas de ganado a los derrotados que van a ser sacrificados a los dioses.
PRÓXIMAS ENTREGAS:
PRINGADOS POR EXIGENCIA DEL GUIÓN
1 / con pintura - 2 / con sangre
3 / con barro, polvo y arena - 4 / con excrementos
5 / con metales y minerales - 6 / con babas y otros fluidos
7 / con bichos y bichejos - 8 / con pieles, plumas y pelo
9 / con alimentos y flores
10/ con otros materiales y potingues
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