29 nov 2007

El libro como elemento dramático / 2


Este artículo pertenece a la serie:
LAS PERSONAS Y LOS LIBROS EN EL CINE

Hay películas donde aparecen libros a los que se les atribuye un poder mágico o un significado singular. Son objetos de deseo de personajes con buenas o no tan buenas intenciones. Suelen ser libros perdidos, ocultos o protegidos que implican viajes peligrosos, pruebas mortales, maldiciones y riesgos de muerte.


El libro mágico



Uno de ellos es el del “Libro de la Paz”, el sagrado tesoro responsable de haber protegido durante diez siglos a las 12 ciudades y que el Príncipe Proteo ha llevado a Siracusa.

Su amigo Simbad, que se ha forjado fama de pirata, embustero y ladrón, es acusado de haberlo robado y con ello haber traído las tinieblas sobre la tierra, por lo que es condenado a muerte. En efecto Simbad le había echado el ojo e incluso había pactado con la malvada diosa Eris robarlo para ella a cambio de su vida, pero el intrépido marino no es responsable del hurto… al menos esta vez. Proteo apela al derecho de sustitución y envía a Simbad a recuperar el Libro al Tártaro, territorio de la Diosa Eris, que es quien le ha tendido la trampa. Así arranca la aventura de los Siete Mares del famoso marino, producción animada de Dreamworks, con la voz de Brad Pitt en la versión original y de Miguel Ángel Muñoz, el ex-upadancero y actual protagonista de “El síndrome de Ulises”.


Otros libros mágicos:


En “El guardián de las palabras” Richard Tyler (Macaulay Culkin) es un niño temeroso que cree ver peligros por todas partes. Durante una tormenta se refugia en una biblioteca vacía y allí, leyendo un libro mágico, se convierte en un dibujo animado.


El Necronomicón es el libro que Ash (Bruce Campbell) deberá conseguir si quiere derrotar a “El ejército de las tinieblas”… Pero tiene un problemilla al no recordar las palabras mágicas:

"Klatu...Barada...¿Néctar? ¿Nectarina? ¿Cuál era esa maldita palabra?..."


El libro criminal



En “El nombre de la Rosa” un misterioso tratado, único en su género, centra la investigación del perspicaz Guillermo de Baskerville y su novicio Atso. Con los nombres de sus personajes Umberto Eco se marca un ingenioso homenaje a Sherlock Holmes. No sólo por la referencia a uno de sus más famosos casos, sino por la elección juguetona del nombre del chico: wATSOn)

Fray Guillermo (un inmemorial Sean Connery) descubre el secreto de las misteriosas muertes sucedidas en la abadía benedictina al relacionarlas con el mortífero volumen. Por fin localiza el tratado tóxico y se enfrenta a la mano negra que ha perpetrado los crímenes: el anciano bibliotecario ciego. Pero éste huye llevándose consigo el libro. Fray Guillermo y Atso lo persiguen por un laberinto de grutas subterráneas. El fraile formula preguntas al ciego para localizarlo por su voz.

— Hay muchos libros que hablan de comedia. ¿Por qué os produce éste tanto miedo?
— ¡Porque es de Aristóteles!
— ¿Pero qué es lo alarmante de la risa?
— La risa mata el miedo; y sin el miedo no puede haber fe. Porque sin miedo al Diablo ya no hay necesidad de Dios.
— Pero no eliminareis la risa eliminando ese libro.
— No, desde luego. La risa seguirá siendo la diversión del hombre sencillo. Pero ¿qué ocurrirá si por culpa de este libro los hombres doctos declaran que es permisible reírse de todas las cosas. ¿Podemos reírnos de Dios? El mundo desembocaría en el caos. Por eso voy a sellar lo que no debe ser dicho. Y me convierto en su tumba…
Llevado por su delirio y demencia el “venerable” Jorge ingiere las hojas envenenadas del Libro prohibido y antes de expirar provoca un fuego que destruirá la abadía y su valiosa biblioteca subterránea. Su amor a los libros y al conocimiento lleva a Guillermo de Baskerville a intentar rescatar del incendio algunos volúmenes.



Existen otros libros que parecen tener entidad propia, un equivalente bibliófilo del resentido Chucky o del inquietante muñeco de ventriloquía de "Magic". Son objetos siniestros, malditos, capaces de llevar a un hombre a la locura y a cometer actos terribles.

Estimulado por una misteriosa novela que le ha regalado su mujer por su cumpleaños y que no se atreve a dejar de leer, Walter Sparrow (Jim Carrey) convierte su vida que alguna vez fue idílica en un auténtico infierno de tortura psicológica, espiral obsesiva y paranoia.

La novela, que trata de una serie de misteriosos asesinatos, parece reflejar la vida de Walter de una forma oscura e incontrolable. La vida del personaje principal del libro, un extraño detective llamado Fingerling (también representado por Jim Carrey), está llena de momentos que reflejan la vida misma de Walter. A medida que cobra vida el mundo del libro, Walter se ve infectado por la parte que le provoca mayor temor: la obsesión de Fingerling con el poder oculto tras el Número 23.


Si recuerdas otros films con libros especiales que determinan la trama, apúntalos en los comentarios e intentaré incluirlos en el artículo.

LAS PERSONAS Y LOS LIBROS EN EL CINE
Introducción
El libro como elemento dramático /1
El libro como elemento dramático /2
El libro como elemento dramático /3
Librerrías y Librerrías más

28 nov 2007

El libro como elemento dramático / 1


Este artículo pertenece a la serie:
LAS PERSONAS Y LOS LIBROS EN EL CINE

La ficción cinematográfica (y televisiva) se ha valido de los libros para plantear o resolver enigmas, detonar una trama, componer una escena o describir un personaje. En ocasiones se han utilizado como armas arrojadizas, resortes que abren pasadizos secretos, cuñas para estabilizar una mesa, peldaños para aumentar la estatura o cambiar un punto de vista… y en no pocos casos un ejemplar concreto ha sido responsable absoluto de despertar toda una vocación:

— Era el único libro que había en casa. Nunca me pregunté como había ido a parar ahí. Era gordo, las palabras se amontonaban unas sobre otras y exigían mucho esfuerzo de concentración para desvelar su secreto. En casa nunca había visto a nadie leer o escribir. La tele, los carteles publicitarios, invadían mi mente. Al principio sólo leía las frases subrayadas sin entender demasiado. Recuerdo haber querido dejarlo porque no tenía ilustraciones.
* Narrador (Gilbert Sicotte), en "Léolo"


El libro guía


Algunos filmes recurren al libro como elemento gráfico que nos introduce en la historia. Era una práctica habitual de Disney comenzar así sus cuentos clásicos: un grueso volumen con el título grabado en la portada se abría mostrando textos e ilustraciones. Lo utilizaron por última vez en “La Bella y la Bestia”, pero Dreamworks tomó el testigo y con “Shrek” apostó por este tipo de introducción al universo de los cuentos.

A veces el relato -o parte de él- antecede a la presentación física del libro, como ocurre en el arranque de “El laberinto del fauno”. Un narrador explica la historia de la princesa que abandonó su reino para subir al mundo de la superficie. A la conclusión del relato descubrimos a Ofelia, la niña protagonista, leyendo uno de sus libros mientras viaja con su madre en coche:

— No entiendo para qué te has traído tantos libros, Ofelia. Si vamos al campo, al aire libre. Cuentos de Hadas... Ya eres muy mayor para llenarte la cabeza con tantas zarandajas…

¿Estaba leyendo Ofelia la historia que nos ha anticipado el narrador? ¿Es ella la princesa extraviada de la que habla el cuento? ¿Seguimos o no dentro del relato con que se iniciaba el film?...

Otras veces la línea entre lo que ocurre en el libro y fuera de él es más clara. El narrador no es una voz en off sino un personaje visible que abre un libro y lee.

Es el caso del abuelo (Peter Falk) que pese a la resistencia inicial de su nieto enfermo, se empeña en leerle “La Princesa prometida”.

El nieto (Fred Savage, el niño de “Aquellos maravillosos años”) va siendo cautivado por este atípico y simpático relato de amor, aventuras… y demás “zarandajas”, claro.

También es el caso de “La historia interminable”. Bastian es un niño tímido, de unos 10 años, objeto habitual de las burlas de sus compañeros de clase. Cierto día, en la oscura tienda de un extraño librero, es seducido por la cubierta de un misterioso libro que llama poderosamente su atención…



Al margen de los ejercicios metalingüísticos existen otras maneras de convertir un libro en el mecanismo narrativo que posibilita un film. Un ejemplo muy claro lo tenemos en "Huracán Carter".


El joven Lesra Martin acude casi a regañadientes a un mercadillo de libros usados donde se interesa por la autobiografía de un boxeador negro: Rubin Carter.

Un tipo malcarado se le adelanta medio segundo y lo coge de entre una pila de ejemplares de saldo. Lesra le clava la mirada, en parte porque teme haberse quedado sin el libro, en parte porque el hombre ha sido rudo y maleducado. Finalmente, el otro desiste y tira el libro con tanto desdén como cariño pone Lesra en recuperarlo. Al ir a pagarlo aún no tiene claro si valdrá la pena:
— Muy bien, joven. Son 25 centavos
— ¿25 sólo? Muy bueno no será…

Sin embargo este libro no sólo cambia su vida sino la del famoso boxeador condenado por un crimen que asegura no haber cometido. Lesra queda atrapado en la lectura del libro, y se siente tan fascinado por la historia de Carter que empieza a cartearse con él y más tarde va a visitarlo a la prisión. A través de estos contactos va forjándose una relación de amistad entre el chico y el púgil, y vamos conociendo los acontecimientos que le llevaron a ser condenado. Convencido de la inocencia de su ahora amigo y maestro, y de los puntos oscuros del juicio que le hicieron, Lesra moverá cielo y tierra para conseguir un nuevo juicio en el que pueda demostrarlo. El film utiliza la escritura, el hallazgo y la lectura de este libro para articular la película. Un personaje ya lo había sugerido el día en que el chico adquirió la biografía:

—¿Sabes, Lezra? A veces son los libros los que nos escogen a nosotros…

Si recuerdas otros films que utilicen estos mecanismos con libros, apúntalos en los comentarios e intentaré incluirlos en el artículo.



El libro cómplice



Cuando el alcaide de Shawshank, Warden Norton (Bob Gunton), conoce que sus trapicheos en la prisión han sido descubiertos y vienen a detenerle, abre su caja fuerte para arrambar con lo que pueda y escapar…

Pero le espera una sorpresa. No hay ni rastro de sus “ahorros”. Han desaparecido. En su lugar, encuentra una Biblia, la misma que entregó al preso Andy Dufresne (Tim Robbins), que acaba de lograr la más enigmática y espectacular fuga jamás vista. La víspera antes de su plan, Andy desvalijó secretamente a Warren, que le había estado fastidiando los últimos veinte años, pero ha querido dejarle un recuerdo con dedicatoria:

“Querido Warden:
Tenía usted razón. En ella se encuentra la salvación."

El alcaide, un beato hipócrita, le había recomendado este libro porque le ayudaría durante su estancia ad eternum en la cárcel. Pero el regalito incluye una última sorpresa, la Biblia es depositaria del secreto de Dufresne: en su interior ha estado ocultando todos estos años la picoleta que ha usado para cavar paciente y calladamente la galería por la que ha escapado. Atención al magnífico detalle del libro de "Éxodo", literalmente “partida”, como la de los israelitas cuando salieron libres de la esclavitud de Egipto.

Si recuerdas otros films que utilicen libros como cómplices o aliados, apúntalos en los comentarios e intentaré incluirlos en el artículo.



LAS PERSONAS Y LOS LIBROS EN EL CINE
Introducción
El libro como elemento dramático /1
El libro como elemento dramático /2
El libro como elemento dramático /3
Librerrías y Librerrías más

27 nov 2007

Las personas y los libros en el Cine

— En los libros podemos refugiar nuestros sueños para que no se mueran de frío.
* Don Gregorio (Fernando Fernán Gómez) en "La lengua de las mariposas"

Estos días se ha celebrado en Barcelona la tercera edición del Salón de Libro, cuyos objetivos son, según el Gremio de Editores de Cataluña: contribuir a la promoción del libro, fomentar el hábito de la lectura y presentar una oferta diferenciada en función de las edades y las preferencias de los lectores.

El Cine ha reflejado de manera fabulosa la relación entre los libros y las personas. No hablo de la literatura y sus vínculos narrativos con el celuloide, sino de libros, en tanto que objetos.

— ¡Qué montón de libros! ¿Son todos diferentes?

* Katherine 'Sugarpuss' O'Shea (Barbara Stanwick), en "Bola de fuego"



La historia del Cine está llena de personajes que leen libros, para sí o para otros; que los utilizan para enseñar a leer o para andar erguidos manteniéndolos sobre la cabeza; para identificar a alguien o para ocultarse; para disimular o para aparentar lo que no son.

También los hay que los compran, en librerías o mercadillos, para quedárselos o para regalarlos.

Hay aventureros que buscan libros perdidos, monjes del medioevo que los ilustran, artesanos que los encuadernan, “bomberos” que los queman, bibliófilos que los coleccionan, empresarios que los editan, libreros que los recomiendan, bibliotecarios que reclaman su devolución y gente con problemas que busca en ellos una forma de evadirse, entretenerse, encontrar ayuda o conciliar el sueño... Más o menos como en la vida real.

En uno de los capítulos, el Dr. House y sus chicos están revisando la casa de una paciente.

Cameron comenta que la mujer tiene libros hasta en el baño, a lo que House contesta con su contundencia habitual:

— O es muy lista o está estreñida.

Por supuesto, también hay muchos personajes que escriben (o intentan escribir) libros, pero estos y sus múltiples procesos de creación literaria merecen un capítulo aparte.

Repasaremos algunos ejemplos de conexión cinematográfica entre los libros y las personas.

LAS PERSONAS Y LOS LIBROS EN EL CINE
Introducción
El libro como elemento dramático /1
El libro como elemento dramático /2
El libro como elemento dramático /3
Librerrías y Librerrías más

(!)

26 nov 2007

Aparcamiento integral

Un centro comercial de L’Hospitalet ha creado el “aparca maridos”, una zona equipada con sofás, televisores y prensa para los tipos que se cansan o se mueren de aburrimiento mientras sus esposas van de compras. La idea fue sugerida por un cliente que, como los responsables de esta gran superficie, entienden que las compras son responsabilidad exclusiva de ellas, mientras que el rol del marido se limita al de mero acompañante, ocasional empuja-carritos y presumiblemente chofer.

Pensándolo bien: si dejamos el paraguas en un cubo a la entrada del Banco, si encadenamos el carrito a las consignas del Súper, si entregamos los abrigos a la chica del guardarropía, ¿por qué no “aparcar” también al marido pelma y rezonguero en la sala BIP (Bienvenidos Inútiles Perezosos)?

Lecturas sexistas al margen, ¡qué gran invento el de las zonas de aparcamiento! Para dejar fuera lo que no cabe dentro, o lo que no te dejan pasar, o lo que molesta, incomoda, es superfluo o innecesario. Aunque no se ven, existen parkings integrales en las inmediaciones de muchos edificios. En los estudios de televisión, por ejemplo, algunos jefazos aparcan fuera el sentido común o la creatividad. En ciertas emisoras de radio existen áreas donde se aparcan el rigor, la ecuanimidad o el respeto. Algunos edificios gubernamentales y municipales tienen amplias zonas donde muchos funcionarios y funcionarias dejan estacionados toda su jornada laboral el amor al trabajo, la alegría e incluso el sentido del humor…

A aparcar el equipaje para ir cómodo en el avión se le llama facturar. Postergar una decisión es también aparcarla. Y si el asunto tiene que ver con dinero se llama morosidad. Instalar al abuelo en la residencia es como aparcarlo en zona de carga y descarga: en cuanto te das la vuelta ya se lo han llevado al depósito. Aparcar asuntos relevantes se conoce como campaña electoral y hacerlo con los peques es “llevarles a la guardería”.



Pero aún queda mucho por hacer. Por ejemplo: así como los musulmanes tienen una zona de “aparcamiento de calzado” para acceder descalzos a sus mezquitas, los cristianos deberían habilitar a la entrada de sus templos espacios para que aquellos que lo necesitan puedan aparcar su hipocresía, su incredulidad, sus domésticas rencillas o sus sentimientos de culpa. Y así entrar libremente, sin el peso de lo que estorba, a exhibir su fe, sea la que sea.

23 nov 2007

Andy McKee


Los que difrutásteis con Raul Midon y su maravillosa sensibilidad con la guitarra seguro que lo pasaréis en grande escuchando a otro portento fingerstylist: Andy McKee.


"Drifting"




"Art of Motion"




"For my Father"





Para los que quieren más...





22 nov 2007

Adiós, Querido Maestro



Don Gregorio

La lengua de las mariposas


La lengua de la mariposa es una trompa enroscada como un resorte de reloj. Si hay una flor que la atrae, la desenrolla y la mete en el cáliz para chupar. Cuando lleváis el dedo humedecido a un tarro de azúcar, ¿a que sienten ya el dulce en la boca como si la yema fuera la punta de la lengua? Pues así es la lengua de la mariposa...

Y entonces todos teníamos envidia de las mariposas... Qué maravilla. Ir por el mundo volando, con esos trajes de fiesta, y parar en flores como tabernas con barriles llenos de jarabe.


─ Cuando uno se muere... ¿Se muere o no se muere?
─ ¿En su casa qué dicen?
─ Mi madre dice que los buenos van al cielo y los malos al infierno.
─ ¿Y su padre?
─ Mi padre dice que de haber Juicio Final los ricos irían con sus abogados, pero a mi madre no le hace gracia.
─ ¿Y usted qué piensa?
─ Yo tengo miedo...
─ ¿Es usted capaz de guardar un secreto?
─ (Moncho asiente)
─ Pues, en secreto: Ese infierno del mas allá no existe... El odio, la crueldad... Eso es el infierno... A veces, el infierno, somos nosotros mismos...

20 nov 2007

Poemas visuales

La mayoría de los libros se leen. Otros muchos sólo se miran. Algunos permiten hacer ambas cosas: leer y mirar.

Hay libros que enseñan, o que emocionan, o que te hacen pensar, o reír.



1. Cuca


En mi biblioteca tengo una pequeña gran joya que adquirí en una Feria del Libro usado y de Ocasión de Barcelona. Es uno de esos libros que se pueden leer y mirar a la vez; que me enseña, me emociona, me hace pensar y me hace reír. Un Libro, con mayúsculas, aunque parezca simple y modesto.

Se trata de “100 piezas únicas”, de Cuca Canals, una artista integral, renacentista (novelista, periodista, pintora, poeta, autora de libros infantiles, publicista, guionista…).

A partir del poder sugestivo de la letra, Cuca Canals apuesta por la imaginación y emprende con ironía la tarea de agitar al lector, apelando a su complicidad y a su participación activa para completar los múltiples sentidos que encierra cada uno de estos agudos momentos. Hechos de imágenes y palabras, las 100 piezas únicas son cien irreverentes hallazgos que sorprenden a simple vista e invitan a demorarse y saborear sus jugosos entresijos. En definitiva, cien piezas únicas para un libro único.


Cuca y sus poemas visuales:





"Agua", "Aragón" y "El amor es cosa de dos":



2. El Mundo en palabras


Alex Gopher es un músico y DJ parisino con inquietud por las nuevas tecnologías aplicadas al diseño gráfico. Una de sus piezas más conocidas es “The Child”, donde experimenta con lo que se ha dado en llamar Kinetic o Kinematic typography (texto en movimiento). Sustituyendo los objetos por las palabras que los definen ha logrado ir un paso más allá que Apollinaire y Brossa, logrando una suerte de poema visual tridimensional…



Para concluir, una humilde aportación al universo de los caligramas:


19 nov 2007

Urnas de cristal


Las urnas de cristal ejercen un poder hipnótico. Para un amante de lo ajeno el estuche acristalado hace más codiciable el objeto que alberga. El escapista sabe que el éxito de su número radica en el tiempo que permanece sumergido a la vista del público, que ve cómo parece imposible que llegue a desatarse antes de morir ahogado en el tanque transparente. Los peces y los corales nos parecen fascinantes porque existen los acuarios; los arquitectos diseñan edificios que asemejan peceras, y el barrio rojo de Ámsterdam no necesita anunciarse en Internet o en los canales residuales de televisión porque “el género” está a la vista.

Algunas urnas sirven para proteger: al papa de los francotiradores, a los votos del fraude electoral, a las peep-show girls de los salidos de turno... Un spot muestra a las personas con burbujas que les envuelven y simbolizan el espacio vital propio. No son contenedores de vidrio, pero cumplen idéntica función: el de un exhibicionismo controlado. “Mírame, pero no me toques”. Es lo que tienen las cajas de cristal: que son ambivalentes. Sirven para aislar y proteger, pero el mismo tiempo para mostrar y embelesar. Son algo así como la versión cool de la zanahoria y el burro: “La verás, pero no la catarás”.

No son pocos los artistas callejeros que, convencidos de esta capacidad de fascinación, las utilizan para sus performances, incluidos los mimos y su clásico número. Con estas reclusiones acristaladas pretenden concienciar a las masas sobre la incomunicación humana, o la sociedad voyeurista e indolente (Hace 35 años que Antonio Mercero ya llamó la atención sobre el particular con su inquietante mediometraje “La cabina”). Otros se conforman con menos (!): Como una joven violinista que se ha encerrado en un habitáculo de 30 metros cuadrados junto a la Puerta de Alcalá de Madrid para componer una obra musical “influida por los viandantes”...


Antiguamente se llevaba aislarse de todo y retirarse al desierto o las montañas, las cavernas o las celdas para encontrarse a uno mismo o un lugar en el mundo. Ahora los “aposentos secretos” son translúcidos y están llenos de cámaras. Hoy se llevan las pantallas planas, pero los televisores no dejan de ser sofisticadas urnas de cristal donde muchos buscan su lugar en el mundo (del espectáculo), aunque sea el más infecto. Desde allí seducen, convocan, fascinan e hipnotizan. Y tanto a los exhibicionistas como a los mirones les encanta que sea así.

17 nov 2007

Totalmente contradictoria

Utilizo este espacio que en su día fue un post no subido para mostrarte la imagen oculta en la nube de HB19, el coleccionista de nubes.



16 nov 2007

Te odio, amor mío / 2.1

CINE Y RELACIÓN AMOR-ODIO EN LA PAREJA

Como proponíamos en el post anterior revisaremos algunas parejas míticas del cine y la televisión que andaban como el perro y el gato, pero seguían juntos.


Crisis temporal

No es patrimonio exclusivo de las infraestructuras. Las parejas, como el AVE, tienen sus baches, sus altibajos y sus socavones. En los periodos de crisis, aparecen los nervios, el humor de perros y la mala leche. Etimológicamente “crisis” significa peligro y oportunidad. Cuando las parejas están el peligro, la narrativa fílmica aprovecha su oportunidad para construir una historia interesante, que enganche. Los guionistas somos unos grandes arruina parejas, porque sabemos que cuando reina la felicidad el interés por los personajes decrece (y el share cae en picado). El vínculo de los guionistas con sus personajes es perverso: mientras con la mano derecha les ponemos palos en la rueda para hacerlos caer, con la izquierda les ayudamos a levantarse y reanudar el camino. Es retorcido, pero fascinante.

¿Cómo poner a la pareja protagonista en un brete?


Primera parte:
A la búsqueda intencionada del conflicto

Uno de los dos realiza maniobras calculadas con las que aguijonea, ofende y espolea al otro. El objetivo puede ser digno, pero por lo general es más bien censurable. Nadie mejor que el maestro William Shakespeare y sus excelentes Comedias de Conflicto para ilustrarlo:

Petruccio y Catalina


La fierecilla domada


Petruccio hace la corte a Catalina, la fierecilla del título, fingiendo que la encuentra tanto más dulce y amable cuanto más le maltrata; consigue luego llevarla al altar, y tanto en la ceremonia nupcial, como en casa del suegro o en la suya, somete a Catalina a humillaciones y desaires: La priva de comida y de sueño, fingiendo que los alimentos no son dignos de ella y que la cama está mal hecha; le impide que se vista elegantemente, apaleando al sastre y al sombrerero y rechazando sus exquisitos adornos; le obliga a aceptar y repetir sus más absurdas afirmaciones (por ejemplo, que el claro de luna es el brillo del sol, que es por la mañana cuando es por la tarde). Por fin, la vuelve a llevar completamente domada a casa de su padre.



Para su versión, Franco Zeffirelli contó con Richard Burton y Elizabeth Taylor, a la sazón pareja real con su propio averno conyugal. El clásico de Shakespeare “The Taming of the Shrew” ha conocido innumerables versiones: como la castiza (con Alberto Closas y Carmen Sevilla), la musical “Kiss me Kate” (con Kathryn Grayson y Howard Keel), la muda (con Mary Pickford y Douglas Fairbanks), la afroamericana “Líbranos de Eva” (con Ll Cool J y Grabielle Union ), o la juvenil “10 razones para odiarte” (con el tándem Heath Ledger-Julia Stiles).


Patrick y Kat


10 razones para odiarte


Odio cómo me hablas y también tu aspecto.
No soporto que lleves mi coche ni que me mires así.
Aborrezco esas botas que llevas, y que leas mi pensamiento.
Me repugna tanto lo que siento que hasta me salen las rimas.

Odio que me mientas y que tengas razón.
Odio que alegres mi corazón,
pero aun más que me hagas llorar.
Odio no tenerte cerca y que no me hayas llamado.
Pero sobre todo odio no poder odiarte;
porque no te odio, ni siquiera un poco,
nada en absoluto

Al igual que en la comedia de Cool-Union en ésta la pareja no llega a contraer matrimonio (será para adaptarse a los tiempos que corren), pero el planteamiento argumental es el mismo: el protagonista es “contratado” por otros chicos para que seduzca a la hermana mayor de sus enamoradas, un hueso duro de roer, y así tengan vía libre para sus propias conquistas. Tras una tumultuosa relación en la que incluso llegan a dispararse (!), los contendientes acaban realmente enamorados, lo que garantiza un edulcorado final, muy a lo Shaksper: “está bien lo que bien acaba”.

Claro, que, teniendo en cuenta lo que Patrick es capaz de hacer por llamar su atención, es lógico que Kat acabe cediendo a su… en-canto.



Un film que guarda relación con los anteriores es “Cómo perder a un chico en 10 días”, aunque en este caso el reto se formula al revés: no se trata ya de capturar una presa sino de hacerle la vida imposible para que acabe rompiendo la relación. La propuesta es espeluznante, por esto se articuló como comedia.


Andie y Ben


Cómo perder un chico en 10 días


─ Creo que... al final has hecho tu trabajo.
─ Así es.
─¿Querías perder a un chico en diez días? Enhorabuena, lo has conseguido, acabas de perderlo
─ No lo he perdido, Ben; porque no se pierde algo que nunca has tenido.


A Kate Hudson le cuesta poco seducir a Matthew McConaughey, pero le resultará bastante más complicado convencerlo de que rompa con ella para así poder escribir un artículo que demuestre su tesis. Y eso que la chica se emplea a fondo (la secuencia de la partida de cartas con los amigos es tremenda). En su pecado Andie lleva su penitencia, ya que ─como cabía esperar─ lo que empieza como un reto periodístico acaba convirtiéndose en el amor de su vida, que ella misma se ha encargado de dinamitar con su maquiavélica jugada.

¿Existe peor motivación que la vanidad para destrozar una relación? ¿Qué tal... la venganza?


Miles y Marilyn


Crueldad intolerable


─ ¿Ella tiene abogado?
─ No, tiene rottweilers.
─ Mala señal.


Miles Massey es un famoso abogado experto en divorcios. Su hastío a causa del éxito termina cuando conoce a Marylin Rexroth, la esposa de un rico constructor cliente de Miles, al que tiene atrapado por una infidelidad. Fascinado por la belleza de Catherine Zeta-Jones intenta pactar un acuerdo, pero se encuentra con una mujer de carácter:

─ Tal vez se crea muy duro, pero yo me meriendo a los hombres como usted. He invertido cinco años completos en mi matrimonio con Rex y he conseguido trincarle con el culo al aire. Ahora mandaré a que lo disequen, lo enmarquen, e invitaré a mis amigas a jugar a los dardos…
─ Odia a los hombres.
─ Los que van a los safaris no odian a los animales...

Espoleado por la seguridad en sí misma de Marilyn, Miles ─que “busca un culo para hacer diana”─ consigue ganar el caso y dejarla sin un dólar. Pero ella, lejos de amilanarse, planea vengarse del abogado usando sus mejores armas: lo enamora, se casa con él y plantea un divorcio que puede dejarlo arruinado y humillado.


─ Imagino que es carnívora.
─ Ji, ji… Señor Massey, no se hace una idea…


Lo de contraer matrimonio como garantía de asegurarse un buen divorcio es práctica corriente en la pantalla. Sigourney Weaver nunca estuvo tan colosal y glamourosa como en “Heartbreakers” (Rompecorazones), un título mucho más apropiado que el simplón “Las seductoras”, que es como se bautizó aquí.


Max y Dean


Las seductoras


Max y su hija Page forman un equipo de estafadoras que se dedica a la captura de hombres que caen prendidos en sus bellas redes. Max selecciona a sus futuras víctimas, hombres ricos, con los que contrae matrimonio. Entonces Page comienza su actuación seduciendo a estos, con el único objetivo de que Max les pille con las manos en la masa, no sin antes haber pactado una importante pensión alimenticia. El montaje se complementa con la pérfida estrategia calienta braguetas de Sigourney, que ya se pone de manifiesto en las primeras imágenes de la película:



Esto sí es congelar una relación. El problema para Max es que Dean, un divertido Ray Liotta, descubre el pastel y decide unirse al grupo de estafadoras. Y mientras tanto, los chicos retoman su “relación” sin aclarar si sus sentimientos son de amor o de odio.

Y es que la sombra del "ex" acaba siendo muy alargada; aunque éste es otro asunto que merece su propio monográfico. Quizá one of this days...



PRÓXIMA ENTREGA:
Catalizadores externos en las crisis de pareja

15 nov 2007

¿Por qué no te callas?