29 oct 2007

Fracasos


Alonso no ha ganado el Mundial de F-1. Parece lo contrario. En España se ha vivido el chasco con júbilo y algarabía; y ha corrido tanto cava como si el asturiano hubiese reeditado su cetro de campeón del mundo.

El Barça que aspiraba a siete títulos la temporada pasada dejó su casillero a cero. Calamidad del que hasta se congratularon muchos culés, porque los jugadores se habían envanecido y una cura de humildad como ésta garantizaba que se pondrían las pilas al año siguiente (!).

¿Caos en Cercanías? Calma, piden los responsables, porque los beneficios posteriores (¿como los que prometía a España el Bush Brother por haber apoyado Aznar la invasión de Irak?) compensarán el desaguisado.

La próxima primavera hay Elecciones Generales. ¿Quién las ganará? La respuesta es simple y poco aventurada: todos. En este país nadie pierde y las derrotas se celebran como éxitos. Ahí estamos los catalanes y nuestra Diada, conmemorando una capitulación histórica.

Políticos que meten la pata son ratificados en el puesto aunque presenten su dimisión. Deportistas que se saltan el código interno vuelven a la convocatoria sin amonestación alguna. Periodistas condenados por invenciones dignas del Barón Münchausen regresan como contertulios de lujo y se les aclama. Cineastas que estrenan películas que nadie va a ver siguen recibiendo ayudas institucionales para sus nuevos proyectos. Programas de televisión con escasa audiencia son retirados de la programación “para reestructurar sus contenidos”… Pero ¿admitir un fiasco? ¡Ni hablar!


Las obras continúan según lo previsto; son los usuarios los que tienen poca paciencia. No hay trazados de carreteras nefastos, ni pésimos servicios de mantenimiento: es la gente que conduce temerariamente. Los matrimonios no se malogran: los cónyuges descubren nuevos horizontes y se divorcian para abordarlos. La Selección no naufraga en el enésimo Mundial; sólo se queda en cuartos.

Habremos de pensar que el concepto “fracaso” no ha lugar en un país abonado al éxito permanente como el nuestro, donde la gente siempre gana: ya sean millones a la Lotería, ya concursos televisivos de enorme prestigio, ya poder adquisitivo, ya sobrepeso... Aquí ni siquiera se mide el éxito por el fracaso de los demás (como proponía Ivan Illich). Aquí se mide el éxito por el éxito de los demás. Si los otros ganan, ¿por qué íbamos a ser menos nosotros?

26 oct 2007

Cambios estúpidos





Primero denostaron al capitán Haddock, inseparable camarada de Tintín, por su afición al whisky. ¡Con la de juego que daban sus siempre inoportunas cogorzas! Ahora que los derechos para el cine los tiene Spielberg, que ya sustituyó con tecnología digital armas por walkies en la versión de ET en dvd, veo al marino borrachín pasando del Loch Lomond a la Pepsi.

Sexismo en las canciones de Los Payasos de la Tele (“así planchaba, así-así…”); racismo en las escaramuzas de Tarzán con los nativos (¡malísimos esos caníbales!); homosexualismo en los Teletubbies; estrabismo en el león bizco de Daktari… Ningún “ismo” sospechoso pasa desapercibido a la Liga de los Protectores de la Infancia. Velan, vigilan, alertan sobre todo lo que supone un escollo para la formación en valores de nuestros hijos.

Se entiende lo de la educación nutricional y vial; hasta los anuncios preventivos sobre enfermedades de transmisión sexual y drogodependencias... Pero no tiene nombre lo de Triki, el entrañable monstruo de Barrio Sésamo¡Le han prohibido comer galletas! Ya no puede atiborrarse de crujientes embajadoras del colesterol y los triglicéridos; sólo le dejan zampar verduras... Y digo yo: ¿qué gracia tiene ver a un muñeco azul y peludo destrozar a mordiscos un apio o una zanahoria? Para eso ya tenemos a Bugs Bunny y a Paco Porras, ¿no?

¿Cuál será la siguiente andanada de los adalides de la comida sana y las conductas responsables? ¿Prohibirán a Homer Simpson engullir más donuts? ¿Limitarán la velocidad al Correcaminos? ¿Impedirán que Snoopy siga subiendo “temerariamente” al tejado de su caseta?... Quienes peor lo tienen son Astérix y Obélix. Su poción mágica es un alarde inaceptable del dopaje que será vetado en los cinco continentes. ¡Están locos estos gabachos! Así les va con el Tour

¿Es cierto que Yogui, Maguila, Pepe Pótamo y la abeja Maya fueron explotados contractualmente? ¿Incitan las alocadas carreras de Penélope Glamour y Pier Nodoyuna a la conducción temeraria? ¿Incluirá la nueva versión de Vickie el vikingo una tripulación con total paridad?...

Tanto control, tanto control, y Lydia Lozano sigue “dando ejemplo de conducta intachable” cada día en horario infantil. Si Pippi Langstrump levantara la cabeza… ¡le cortarían las coletas!

Para qué sirve un paraguas

Este artículo pertenece a la serie:
CINE Y PARAGUAS


Para bailar

Un paraguas puede ser un excelente compañero de baile: ya sea para ayudar a mantener el equilibrio, como espada simulada, para lanzarlo como un elemento de gimnasia rítmica, como apoyo para alguna acrobacia…



Oliver!

En la multi oscarizada versión musical del clásico de Dickens que dirigió Carol Reed en 1968 hay una escena en la que se saca mucho partido a los paraguas (sombrillas, en esta ocasión).

Fagin baila con los muchachos el tema “I’d Do Anything” (“Haría cualquier cosa por ti”). Se añaden a la fiesta Nancy y otra chica, que los muchachos llevan de paseo en una carroza de fantasía utilizando las sombrillas como originales ruedas. Un número musical fantástico, como todos los de esta maravillosa película.



Singin’ in the Rain
El sabor de la sandía
El Gato
Oliver!



Para derribar un avión de combate


Indiana Jones y la última cruzada

Indy y su padre huyen de los nazis. Tras una loca persecución en moto con sidecar, suben a un dirigible que deben abandonar precipitadamente a bordo de una avioneta. Otros aviones les atacan, y la impericia del Dr. Jones con la ametralladora –que se carga su propio timón de cola- les obliga a un aterrizaje de emergencia. Después roban un vehículo y sobreviven milagrosamente al bombardeo al que les somete el caza alemán.

Al llegar a una playa, Indy cree que es el fin, pues están al descubierto y el piloto alemán va directo hacia ellos. Entonces, el Dr. Jones corre hacia las gaviotas abriendo y cerrando su paraguas obligándolas a levantar el vuelo. La nube de aves enloquecidas impactan contra los motores del avión alemán y éste se estrella. Indy observa a su padre caminar plácidamente con su providencial paraguas que con sonrisa de satisfacción apostilla…

—De pronto recordé lo que dijo Carlomagno: "Que mis ejércitos sean las rocas; y los árboles; y los pájaros del cielo".
(!)

Para enviar un mensaje al espacio


ET, el extraterrestre

Gracias a un tebeo, ET concibe la idea de "telefonear a su casa". Para construir un transmisor utiliza todo tipo de cacharros que va recolectando por la casa: juguetes, papel de aluminio, una rueda dentada, cordel y... ¡un paraguas!, que funcionará como antena parabólica que amplíe la señal de socorro. Elliot le acompañará al bosque una noche muy fría para comprobar si aquel mecanismo sirve para algo…


Para escapar de los enemigos


Minority Report

Cuando John Anderton (Tom Cruise) secuestra a Agatha (Samantha Morton), ella apenas puede caminar, pero su don de clarividencia le hace prever lo que ocurrirá unos minutos más tarde. Por eso, obliga a John a que robe un paraguas:

—¿Ves el paraguas? Cógelo… ¡Cógelo!

Él se resiste, pero acaba haciéndole caso. Al salir a la calle está lloviendo y el paraguas les protegerá, pero no sólo de la lluvia. Abriéndolo sobre sus cabezas quedan fuera de la vista de los pre-cops que les andan buscando desde posiciones elevadas. John y Agatha se confunden entre la multitud de paraguas y salvan la vida.

Para hacer el ridículo


Los intocables de Eliot Ness

Nada más llegar a su puesto de responsabilidad, Eliot Ness (Kevin Costner) se cree muy listo y monta una operación sorpresa contra la mafia de Capone. Pero el chivatazo que ha recibido no sólo es falso sino que ha sido hábilmente filtrado para dejarle en ridículo. El supuesto cargamento de alcohol resulta ser de inocentes paraguas. La sombrilla se abre y Ness pone cara de panoli, una patética imagen que captan oportunamente los fotógrafos que él mismo ha avisado para que cubrieran la redada. Al día siguiente su metedura de pata es portada del periódico. Un fuerte revés para su primer día. Esa misma noche Ness conocerá a Malone (Sean Connery), con el que formará su grupo de “intocables”.



Como Dios

A pesar del gorrito, Bruce Nolan (Jim Carrey) está feliz. Cree que van a darle el puesto de locutor y dejará de hacer estas conexiones espantosas muy por debajo de su nivel como comunicador. Pero se enterará en directo de que su jefe le ha tomado el pelo y ha dado el puesto a otro compañero, un engreído Steve Carrell. Cuando le dan paso Bruce se ha quedado mudo, pero no tarda en reaccionar; primero con sarcasmo, después con furia...

—Supongo que así es la vida. Algunos se quedan empapados y se mueren de frío en un ridículo barco y con un ridículo gorro, mientras otros están en un cómodo estudio, llevándose toda la gloria. Es igual. No pasa nada...

Para identificar a un ser querido


Smoke

“Auggie” Wren (Harvey Keitel) tiene un proyecto que él llama “la obra de su vida”. Desde hace años, cada mañana, a las ocho en punto, coloca un trípode frente a su establecimiento y hace una única fotografía. Tiene más de 4.000.

Un día enseña su colección de instantáneas a Paul Benjamin (William Hurt), cliente y amigo. Paul no muestra demasiado entusiasmo, pues le parecen todas iguales. “Auggie” le explica que no es así:

—Todas son iguales, pero cada una es distinta de las otras. Tienes días nublados y días con sol. Tienes días laborables y días festivos. Tienes gente con abrigo y botas de agua, y gente con camiseta y pantalón corto… A veces la misma gente parece distinta. A veces las personas diferentes se convierten en las mismas, y las mismas desaparecen... La tierra gira alrededor del sol, y cada día éste la ilumina desde un ángulo distinto…
Benjamín, más pausado, se deleita en el álbum. De pronto tiene un escalofrío. Reconoce en una de las fotos a su esposa, fallecida unos meses atrás. Cruzaba aquel día ante la cámara protegiéndose de la lluvia con un paraguas. El recuerdo vivo de su mujer le conmueve y se echa a llorar.


Para otras muchas cosas…


La espía que me achuchó

Mike Myers nos tiene acostumbrados al humor zafio de su saga “Austin Powers”. Si en la primera entrega había probado con Liz Hurtley el juego de los personajes desnudos a los que no se les ve absolutamente nada por la posición providencial de objetos, en esta segunda opta por el gag de las sombras chinescas. Lo que se ve a través del toldo de la tienda no tiene nada que ver con lo que realmente esta ocurriendo dentro, pero es que las sombras son así de caprichosas… sobre todo cuando se las fuerza un poco.


Mary Poppins

Cuando Mary Poppins (Julie Andrews) llega a la mansión de los Banks bajando suavemente desde el cielo, parece que su paraguas actúa como un eficaz paracaídas. Pero al verla subir a las nubes al final de la película constatamos que el paraguas no es un simple amortiguador de caídas sino un excelente propulsor. ¡Y además habla! Mary y su paraguas son inseparables.


Regreso al futuro

El Dr. Emmet Brown (Christopher Lloyd) y su DeLorean acaban de ser volatilizados por un rayo. Marty McFly (Michael J. Fox) no puede creer que todo haya acabado. Llueve torrencialmente. Un coche se acerca. Marty tiene la esperanza de que sea su amigo, pero no es así. Del vehículo sale un hombre de la Western Union que le entrega un paquete que han custodiado en sus oficinas por más de setenta años. ¡Es de “Doc”! Está en el pasado y pide a Marty que vaya a buscarle. En su carta le cuenta lo que debe hacer, pero la lluvia empieza a diluir la tinta, cosa que impide que ocurra el paraguas del hombre de la W.U.

22 oct 2007

Mala leche


A nadie se le ocurrió llamar Ricardo al homenajeado Richard Gere en el Festival de Cine de San Sebastián. Tampoco me consta que al presidente de los EE.UU. se le conozca como Jorge Bush en ningún pueblo castellano-leonés. Luego Carod-Rovira tiene razón: si él se llama Josep Lluís –y así consta en su Libro de familia y DNI- nadie tiene derecho a cambiarle el nombre… salvo que pretenda provocarle.

La generación que me precede aún llama “kargable” y “jumperibogar” a Clark Gable y Humphrey Bogart. Pero en su disparate fonético no existe voluntad de cambiar el nombre a los artistas; más bien es el intentar preservarlo lo que concibe apodos que son tenidos como simpáticos.

No profeso por Carod estima alguna. Pienso que sus meteduras de pata (la última muy reciente) invalidan su credibilidad personal, y hace tiempo que anhelo su retirada de la política por el bien de Catalunya. Pero tampoco me gusta que la noticia de la semana sea su irritación en el programa de televisión “Tengo una pregunta para usted”. La hostilidad también fue desplegada tácita y explícitamente por sus interlocutores, lo que espoleó al republicano para regocijo de quienes disfrutan con ello.


Yo no sólo no disfruto, sino que me aflige ver cómo la mala leche (contenida o desparramada) se está generalizando en nuestro país. Trasciendo el ámbito de lo político; me refiero al simple ejercicio de las relaciones humanas. El mal rollo se palpa en el ambiente, las calles, los semáforos, las colas en el banco, los supermercados o la Seguridad Social. Nadie está a gusto. Parece como si los demás nos estorbasen, y esta ansiedad sociópata ceba una ira nada recomendable ni para la convivencia ni para la propia salud física, mental y espiritual.

El problema va más allá de la violencia en sí y afecta a nuestra actitud: nos estamos acostumbrando a su presencia, la asumimos como inevitable y hasta nos deleitamos en ella. Un ejemplo muy sencillo para ilustrarlo: La violencia de género. La alarma social es tremenda. El Estado lanza campañas de sensibilización con spots brillantes y creativos. Un despilfarro inútil. ¿Saben cuál es la serie que arrasa en televisión en estos momentos? “Escenas de matrimonios”, que debe su éxito a la cantidad y variedad de puyas que se clavan recíprocamente las parejas protagonistas.


Podemos hacernos cruces en el Telediario con el último trágico suceso de un cónyuge que asesina brutalmente a su pareja para, a continuación, regocijarnos con el odio visceral que sienten Pepa y Avelino, que hacen gala de una galopante violencia de género psicológica, verbal y a veces física. Una alarmante contradicción moral.

Pero yo me niego a asumir esto. La violencia no es inherente a nosotros, los humanos; y si alguien me contradice le parto la cara.

20 oct 2007

Tercera empanada

Este post es complementario del artículo: "Cine y Pan" y continuación de: "Amasando nuevos títulos" y "Segunda hornada".











NOTA


Ya está solucionado el problema de visualización de imágenes.

Aprovecho para agradecer a todos los que habéis sugerido nuevos títulos vuestras aportaciones. Intentaré incorporar las que pueda. Os animo a enviar también los carteles y no sólo las ideas.

hombreperplejo

19 oct 2007

Segunda hornada

Este post es complementario del artículo: "Cine y Pan" y continuación de: "Amasando nuevos títulos".








Continúa en "TERCERA EMPANADA"...

18 oct 2007

Cine y Pan


Esta semana se ha celebrado el Día Mundial del Pan. Buen momento para repasar cómo el Cine lo ha representado como alimento y metáfora.


Más allá de "Peter Pan", "La Masa (Hulk)" y Panmela Anderson, el legado cinematográfico contiene numerosas alusiones al tema que nos ocupa. Quién no recuerda la simpática trilogía italiana “Pan, Amor y…”, con Vittorio De Sica en estado de gracia a las órdenes de Luigi Conmencini y Dino Risi. El pan propiamente dicho no era demasiado importante, pero las partenaires del comandante Carotenuto tenían su miga: nada menos que los bellezones italianos de la época: Gina Lollobrigida y Sofía Loren.



En muchas películas el pan tiene connotaciones religiosas. Ocurre con "El pan nuestro de cada día" de King Vidor, "Pan de Ángel" de Francesc Bellmunt o "Marcelino pan y vino" de Ladislao Vajda, y también en un capítulo de "Hospital Kingdom", donde se reedita el milagro de los panes y los peces con bocadillos. Pero sobre todo el pan está vinculado a la Última Cena de Jesús con sus discípulos, secuencia que no falta en ninguna de las muchas aproximaciones cinematográficas al relato de los Evangelios. "La Pasión" de Mel Gibson recogía la bendición del pan ácimo en lengua hebrea.


Los bocatas de gran tamaño fueron un buen recurso cómico en la época del cine mudo. Resultaban eficaces como objetos contundentes y eran ideales para colar una lima en la cárcel que ayudaría a los presidiarios a cortar los barrotes de sus celdas. También provocaban carcajadas los atracones y las peleas rebozadas, llamadas así porque quienes participaban en ellas acababan completamente enharinados, como en "Fun in a bakery shop" de Edwin S. Porter.




En el argot técnico se llama PAN al movimiento rotatorio de la cámara en cualquier dirección; pero no es la única concomitancia: algunos conflictos dramáticos surgen cuando se sorprende al implicado con las manos en la masa. En la época dorada de Hollywood, que los guionistas a sueldo permanecieran enclaustrados en oficinas-celda era el pan de cada día. Cuando se trabaja con divas caprichosas el equipo debe acostumbrarse a largas esperas hasta que ellas decidan que están listas para la siguiente toma; tales esperas se hacen más largas que un día sin pan. Algunos cineastas han sido vetados por la industria por decir las cosas demasiado claras y llamar al pan pan y al vino vino. De muchas rutilantes estrellas de la pantalla se dice que están para mojar pan… Y así muchos otros ejemplos.

Pero ateniéndonos a lo meramente comestible: las migajas con las que señalizó el camino no ayudaron a Pulgarcito a regresar a casa. Meg Ryan evitaba comer pan en "Cuando Harry encontró a Sally". Gwyneth Paltrow, en cambio, hundía su asiento tras zamparse una bandeja de bollos en "Amor ciego". Y Fernando Fernán Gómez daba buena cuenta de una crujiente hogaza en "El Pícaro", mientras el Lazarillo de Tormes luchaba lo suyo por agenciarse un mísero mendrugo. Por no hablar de las surrealistas disquisiciones de Samuel L. Jackson y John Travolta sobre la "Big Kahuna" y la "Royal con queso" en "Pulp Fiction".

Chuscos, panecillos, barras y baguettes han representado riqueza o miseria, hambre o hartazgo a conveniencia de la trama. Pero el formato de bollo preferido por los cineastas es la tostada. ¿Ha de presentarse un personaje despistado? Tostadas quemadas. ¿Se trata de alguien meticuloso? Café recién hecho, zumo de naranja y, por supuesto, tostadas bien doraditas. Ya saben, como en “Pandoradita y el holandés errante”, con Ava Gadner y James Mason.

Aquí entra uno de los electrodomésticos recurrentes de la cinematografía mundial: la tostadora. No sólo sirve para preparar crujientes rebanadas; también ha demostrado su eficacia como instrumento de tortura y de autoelectrocución. Bill Murray, por ejemplo, recurre a ella cuando decide poner fin a su repetitiva existencia en "Atrapado en el tiempo".

Otro clásico de la pantalla es el carrito de perritos calientes, al que acuden a menudo los personajes para tomarse un tentempié. Hasta hay un capítulo entero de la serie “Me llamo Earl” dedicado exclusivamente a este icono de la cultura gastronómica norteamericana. (Aunque, sinceramente, para sándwiches de primera los de Conesa en la Plaça Sant Jaume de Barcelona)

Por desgracia, no siempre el chiringuito rodante juega un rol positivo. En "Sleppers", el robo de uno de ellos tiene un fatal desenlace cuando provoca un atropello al caer por las escaleras del Metro. Esta travesura con tintes dramáticos lleva a los niños protagonistas a un reformatorio, donde sufrirán todo tipo de vejaciones que condicionarán el resto de sus vidas.

En cuanto a los panaderos, su oficio está infravalorado en el cine. Está mejor visto ser pastelero o confitero. Alguien que se dedica sólo a cocer pan (o galletas a lo sumo) no parece demasiado interesante. Salvo que Woody Allen y su pandilla de "Granujas de medio pelo" decidan utilizar una panadería como tapadera para el robo del siglo y acaben convirtiéndose en galleteros multimillonarios. Patty Lupone y Ginette Lecrec fueron esposas de tahoneros en "The Baker's Wife". Romy Schneider coció bollos en "La panadera y el emperador".


Una de las últimas incorporaciones al gremio es la pacifista Ana Pascal (Maggie Gyllenhaal) en "Más extraño que la ficción". Ana regenta una preciosa panadería (donde también hornea dulces y galletas) y es objeto de una auditoría por parte de Will Ferrer al negarse a pagar ella un 20% de sus impuestos. Al principio el horno no está para bollos, pero después de hacerse la rosca mutuamente (sugerencia contable por aquí, galletitas caseras por allá) la hermosa panadera acaba siendo para el apático inspector de Hacienda como pan bendito.

Hasta aquí mi modesta reseña sobre cinematografía panificada en la que he intentado separar la paja del trigo para que nadie se llame a engaño. Dejo para otra ocasión el análisis de la influencia de la repostería en la Historia del Cine porque me parece harina de otro costal. No obstante, si alguien quisiera adentrarse por su cuenta en el tema, con su pan se lo coma...

Aparte de las ya citadas, existen (o no) otras películas relacionadas con el tema que pueden revisarse en:

17 oct 2007

Amasando nuevos títulos


Este post es complementario del artículo: "Cine y Pan" e inicia una selección de títulos reformulados completada con "Segunda hornada" y "Tercera empanada".










Continúa en "SEGUNDA HORNADA" y "TERCERA EMPANADA"...

15 oct 2007

El lenguaje


Existe una regla tan tonta como sencilla: muchas de las cosas buenas y agradables de la vida suelen acabar en “illa”:

Sueña el bebé con su papilla y cuando crece merienda Nocilla. Ya de adulto descubre el Jumilla y la carne a la parrilla; la morcilla y el pincho de tortilla; el queso de tetilla y la Manzanilla…

Qué placer meterse en el mar hasta la pantorrilla, cambiar el tacón por la zapatilla, un beso de tu hijo en la mejilla, el brasero en invierno bajo la mesa camilla…

Excita plantar una semilla, renovar una plantilla y decir alguna que otra mentirijilla. Tener tu propia pandilla. Y ser el cabecilla. La piel con aroma a vainilla. Adán no fue nadie sin su costilla, ni Peter Pan sin Campanilla, e incluso la gran Lola Flores tuvo a su “Pescadilla”.

Cosas que importan, emocionan y dan vidilla son para el nuevo rico su ostentosa villa, para el jubilado su cartilla y para el sin techo la calderilla. Para la oscuridad la bombilla y para el sol la sombrilla. Para el religioso la capilla, para el enfermo la pastilla y para el que escribe rellenar una cuartilla.

Como toda regla tiene sus excepciones, que para el recluta era hacer la mili en Melilla, para el toro la banderilla y para el adolescente la espinilla. Dan asco la ladilla, la colilla y la polilla; hay que evitar la guindilla y el exceso de mayonesa en la ensaladilla, convertirse en la comidilla, poner a otro la zancadilla y sacar la cabeza por la ventanilla. Y no caen bien ni el Montilla ni los famosos de pacotilla, de los que algunos estamos hasta la coronilla.

También hay cosas que hacen que la vida sea compleja, liada cual madeja: como vivir en pareja, sobre todo si uno de los dos continuamente se queja, o te deja y se aleja. No es agradable vivir al otro lado de la reja, llevar mal lo de hacerse vieja ni que pidan tu cabeza en una bandeja. Huye de los que tienen más cuento que Calleja, o algo raro metido entre ceja y ceja; del que sin pedírselo te aconseja y a espaldas tuya te despelleja y, muy especialmente, de los lobos con piel de oveja.

La vida está llena de retos y lances de ignoto desenlace, como un rodaje o un aterrizaje; como improvisar un largo viaje sin siquiera hacer el equipaje o atreverse a escribir una post sobre el uso caprichoso del lenguaje. Pero eso estimula a quienes tomamos la vida como un bagaje de continuo aprendizaje.

13 oct 2007

Cine y... (Sumario)